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Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa romance Capítulo 180

••Narra Derek••

Estuve en la oficina hasta altas horas de la madrugada, haciendo ajustes en el diseño de la página web para hacerlo más accesible para el público.

La gente de recursos limitados tienen mucho de que quejarse. Siempre le encuentran una falla a algo.

Desde que bajamos el límite de ganancia mensual para acceder a las tarjetas de crédito, la cantidad de usuarios se ha triplicado, causando un gran aumento en las acciones del banco.

Gracias a eso, hemos generado más empleos. Tuvimos que abrir nuevas vacantes para agilizar la atención al cliente. Antes el lugar siempre estaba tranquilo y listo para recibir a los clientes importantes, ofrecerles asiento y una taza de café. Ahora, el que llega de primero gana. Así que he tomado la decisión de abrir nuevas sucursales. En ellas se recibirá a los de ingresos mensuales inferiores de 100 mil dólares. Y las viejas serán para quienes superen esa suma mensual. Así todos estarán felices.

Estaremos abiertos al público y los grandes inversionistas estarán contentos al saber que pueden volver a un área “exclusiva”

―¡Derek! ―La puerta se abrió de golpe. Una Erika con pijama entró saltando con una sonrisa.

―¿Qué pasó, querida? ―Me levanté de mi asiento―. ¿Y qué carajos haces vestida de esa forma? ¿Sabes la hora qué es? ¿Quién te trajo? ¿Por qué sales vestida así? ¿Quién te vio?

Me apresuré y le puse mi saco encima, cubriendo su camisa de tiro translúcida.

Esta mujer me causaría un infarto en cualquier momento.

―Vomité ―Dio pequeños bronquitos en su lugar.

Fruncí el ceño. Sus palabras y acciones no concordaban.

―¿Y por qué estás feliz? Debemos ir al hospital ―Cerré como pude el saco que la cubría―. ¿Te sientes muy mal?

―Derek, creo que no me estás entendiendo. Es la tercera vez que vomito en la noche ―Sus ojos me escavaban con atención.

―Ya veo… ¿Cuándo fue la última vez que te purgaste?

En su mirada estaba escrita la palabra: Estúpido cabeza hueca.

―Erika, son las dos de la madrugada y tengo la cabeza enterrada entre un montón de números ―Señalé la mesa con papeles regados―. Y ahora tenemos que ir a urgencias. No soy Scooby Doo ni su pandilla, no puedo resolver tu misterio.

―Creo que estoy embarazada ―Sus manos fueron a su vientre.

Miré sus ojos iluminados, después su vientre plano. Puse mi mano sobre la suya, su vientre cálido me recibió. No sentía nada, pero sabía que había algo. La sonrisa de Erika me lo confirmaba. Las mujeres jamás se equivocan en esto.

La besé y los ojos se le llenaron de lagrimas.

―Necesitamos ir a una farmacia, porque si me ilusionaste por nada, Erika, estarás en problemas ―El corazón me latía con rapidez. Era el mismo sentimiento que me albergaba cada vez que Erika me abrazaba.

….

Estuvimos fuera del baño por varios minutos. Dejamos tres pruebas de embarazos en el lavamanos.

―¿Ya pasó el tiempo? ―pregunté.

―No ―respondió viendo a la nada.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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