Había un grupo de violinista tocando en un rincón del comedor. La mesa era gigantesca y larga. No estaba bromeando, acá cabían como veinte personas. Horacio estaba sentado a la cabeza y nosotros a los lados. Los empleados traían los platillos y según dijo el patriarca, es una cena de doce tiempos. ¡Doce! Ni siquiera sabía que esa cantidad de platillos era apropiado. Sin contar que cada plato consistía en un solo bocadillo con nombres raros y combinaciones aún más raras.
Este procedimiento me daba aún más hambre de la que ya tenía. Probar un bocado, charlar y esperar el siguiente plato. Los ricos si que sabían cómo impartir tortura gastronómica.
Ni siquiera dejaron pan para comer entre comidas.
El sexto platillo fue presentado como huevos de codorniz en salsa de champiñones y berenjena.
Me metí a la boca el único huevo bañado en una salsa grisácea que había sobre el plato y nuevamente, a esperar.
―Estaba muy sorprendido cuando Derek me comentó que se había casado. No, sorprendido no era la palabra. Más bien, enojado ―comentó el señor Horacio mientras picaba el pequeño huevo a la mitad con un cuchillo y tenedor.
¿Así era como se comía esa cosa?
Mi vista fue a Derek, que hizo exactamente lo mismo.
Después, vi mi plato, vacío. Simplemente lo había pinchado con el tenedor y me lo había metido a la boca.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...