Se detuvo en mi abdomen, limpiando con suavidad. Dejé escapar un suspiro y las mejillas se me tiñeron de rojo.
Su toque no era con segundas intenciones, en verdad me estaba limpiando. Pero mi mente lujuriosa se estaban imaginando otras cosas.
Negué con la cabeza. «No, no. Él lo estaba haciendo a propósito»
Yo no me estaba volviendo loca. Él también estaba excitado, podía sentir su erección en la parte baja de mi espalda.
Terminó de limpiar la parte superior y fue con la inferior. Me sobresalté al sentir su mano en mi zona íntima.
―¡Derek, no podemos…! ―dije angustiada, sin saber cómo terminar la oración.
Se rio, fue una risa baja y ronca.
―Te estoy limpiando. ¿Tú no te limpias aquí abajo? ―Sus dedos seguían en esa zona. Le estaba dedicando más esfuerzo que al resto del cuerpo.
―¡Por supuesto que sí! ―exhalé, ofendida―. Pero, no te hagas el loco. Puedo sentir tu erección.
―Oh, querida. Si me conocieras lo suficiente, sabrías que yo siempre estoy erecto cuando estoy contigo ―Besó mi cuello con delicadeza.
Su mano y su boca me estaban torturando. Y aquello que pensé que era eterno, terminó rápidamente, retirando sus dedos.
Suspiré, entre frustrada y aliviada.
Prosiguió con el resto faltante.
―Acerca tus pies ―pidió.
Pegué las rodillas al pecho, para mayor facilidad.
Se carcajeó con ganas al inspeccionar mis pies con sus dedos.
―¿Qué? ―Arrugué la frente.
―No puedo creer que tus pies sean tan chiquitos. Mira tus deditos.
Me sonrojé.
―Llegaron los resultados de sangre y orina. Dieron negativos para alcohol y otras sustancias, pero apestabas alcohol cuando te encontré.
¿Me encontró? No recordaba eso.
Negué con la cabeza, concentrándome en lo importante.
―No, no bebí ―hablé con fuerza y determinación.
¿Estaba buscando otra razón para atraparme?
―¿Y por qué olías alcohol? Dime si bebiste, no me molestaré contigo. O acaso, ¿ellos te obligaron a beber? Sé honesta, por favor ―suplicó. Ese no era el tono de voz de alguien que buscaba apresarme. Mas no podía confiarme, se trataba de Derek.
―No bebí bajo ninguna circunstancias, te lo juro ―Giré la parte superior de mi cuerpo lo más que pude para poder verlo―. Ellos me echaron una botella de alcohol encima, eso fue todo.
Lo cual era verdad.
Pensé que eso lo calmaría ya que no incumplí ninguna regla. Sin embargo, se veía aún más molesto. Sus fosas nasales se ensancharon y pude notar un nervio a punto de reventar en su frente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi cruel esposo: Cayendo en su trampa
Oye si ya pagué para desbloquear capítulos y me regreso porque siguen bloqueados creo que no está bien...