Capítulo 118 —¿En serio? —preguntó Lorena, viéndose contentísima —. ¿Cuándo vienes? Yo te arreglo todo por acá.
—Falta mucho. Supongo que hasta agosto.
—Conmigo aquí, no tienes nada que temer —dijo Lorena, tan emocionada que al sonreír los ojos se le hacían chiquitos—. Tampoco te preocupes por los gastos, yo los cubro. Qué maravilla, Oli. He estado sola en el extranjero todos estos años; por fin tendré a alguien de mi familia para hacerme compañía.
Conversaron durante un buen rato antes de terminar la videollamada con mucha pena.
—Ay, Oli, tu tía no la ha tenido nada fácil... —dijo Mercedes, a quien se le llenaron los ojos de lágrimas.
Por supuesto que Olivia sabía lo mucho que había batallado su tía.
Su papá siempre le reprochaba a la abuela que hubiera pagado los estudios de la tía en el extranjero, a pesar de que él ni siquiera había logrado pasar el examen de admisión a la universidad.
Sin embargo, Olivia tenía muy claro que Lorena había conseguido irse a estudiar fuera por mérito propio.
Primero, logró entrar a la universidad por su propia cuenta, luego consiguió una beca completa y, una vez en el extranjero, se mantuvo trabajando y estudiando al mismo tiempo. La abuela solo era una maestra de primaria y, con un hijo tan bueno para nada como Ernesto, ¿de dónde iba a sacar tanto dinero?
Claro que la abuela habría querido apoyar a su hijo, pero él también tenía que poner de su parte. Si apenas había sacado un puntaje miserable en el examen de admisión, ¿con qué cara se atrevía a quejarse?
—Oli, espérame un momento. —La abuela dio media vuelta y entró a su cuarto. Cuando salió, traía una tarjeta bancaria en la mano, y se la entregó a Olivia con los ojos llorosos—. Mi niña, aquí hay un dinerito.
Llévalo para tus gastos allá. Por favor, no pases carencias. Cuando tu tía se fue, yo no tenía cómo ayudarla y le tocó sufrir mucho...
—Abuelita, sí tengo dinero —respondió Olivia con una sonrisa—. Tengo bastante.
En esos cinco años de matrimonio, si algo no le había faltado, era dinero. Adrián siempre le había dado lo suficiente; había logrado ahorrar una buena cantidad y, además, él había puesto varias propiedades a su nombre.

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