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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 133

Capítulo 133 En su celular, Olivia se encontró con una publicación de Vianney y su novio. Eran dos jóvenes esforzándose por construir un futuro juntos; entre líneas se percibía una energía y una chispa que ella y Adrián jamás habían tenido.

Daba la casualidad de que el novio de Vianney era experto en sistemas. Así que Olivia la buscó y le pidió de favor que le preguntara a su pareja si estaría dispuesto a ayudarla con algo, aclarando que, por supuesto, le pagaría muy bien por el trabajo.

Vianney aceptó sin dudarlo, y no solo por el dinero, sino porque todavía no se sacaba de la cabeza la mala actitud de Adrián y Paulina aquel día en la tienda de artículos de lujo.

En realidad, Olivia se sentía algo culpable. Como no podía moverse bien y no tenía a nadie más a quien recurrir, sabía que lo que pedía tenía sus riesgos.

Pero pensaba igual que Adrián en ciertos aspectos: si algo salía mal, ella asumiría toda la responsabilidad y haría lo que fuera necesario para que el chico no tuviera problemas. Incluso había ideado una forma de deslindarlo de cualquier culpa, y él le aseguró que usaría un método seguro para enviarle los videos de las cámaras de seguridad y mantenerse en contacto.

Como fuera, en este nuevo enfrentamiento contra Adrián, ella no tenía miedo de perder. Era obvio que el asunto de Paulina era mucho más grave y las pruebas eran contundentes; Adrián no se arriesgaría a tanto.

Le dolía todo el cuerpo y, cuando Rosa fue a avisarle que la comida estaba lista, ni siquiera quiso moverse.

-Tráigamela aquí, por favor -pidió.

Desde que se recuperó de la fase inicial de su lesión, nunca había vuelto a comer en la cama. Antes valoraba tanto ese hogar que no soportaba la idea de ensuciar o descuidar nada, pero ahora, le daba igual.

Además, después de haber estado fuera casi todo el día y de haber hecho sus ejercicios de rehabilitación, estaba empapada en sudor. Adrián la había dejado ahí tirada en cuanto llegaron, así que las sábanas ya estaban sucias y tendría que cambiarlas de todos modos.

Rosa le llevó los platos en una bandeja. Aunque Olivia no tenía mucho apetito, se lo terminó todo. Sabía que para su recuperación y para la vida que le esperaba a solas, necesitaba estar sana; ahora se sentía demasiado débil.

Al terminar, la empleada recogió todo y le preguntó si quería bañarse. Olivia asintió; lo necesitaba.

-Prepare el agua, por favor, y luego cambie las sábanas por unas limpias -dijo Olivia. No soportaba más sentirse tan pegajosa.

-Claro que sí -respondió Rosa antes de entrar al baño.

Olivia intentó bajar de la cama y caminar por su cuenta, pero a los pocos pasos sintió que las piernas le temblaban. Era esa sensación de agotamiento extremo que queda después de hacer un esfuerzo físico excesivo; le temblaban los músculos y le costaba mantenerse en pie.

Rosa salió, y al verla en ese estado, se asustó.

-Señora, deje que la ayude.

Olivia respiró y aceptó. No sentía pena; Rosa la había cuidado por años y, recién casada, cuando todavía no podía caminar bien, ella la ayudaba a asearse. La mujer la sostuvo hasta que Olivia pudo sentarse con cuidado dentro de la tina.

-Listo, gracias. Vaya a arreglar la cama, me avisa cuando termine y yo le hablo cuando esté lista -dijo Olivia.

Se recostó en la tina y sintió cómo el agua tibia le relajaba cada centímetro de piel, aliviando un poco el dolor muscular. Se sentía tan cómoda que cerró los ojos y estuvo a punto de quedarse dormida.

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