Capítulo 136 ¿Cómo se siente un amor platónico en la adolescencia?
Es cuando él no asiste a clases; aunque solo haya un asiento vacío en el salón, sientes un hueco, como si todo el mundo perdiera sentido.
Es cuando entra por la puerta y el mundo de pronto ilumina; el sol brilla como oro tras la ventana, pero nada se compara con el resplandor que lo rodea en ese momento.
Es sentir que te derrites por dentro cuando sonríe, o que se te hace un nudo en el estómago cuando arruga la frente.
Es conformarte con mirarlo de lejos mientras el tiempo pasa en silencio; es desear darlo todo por él sin importar las consecuencias a medida que creces, pero sin querer que jamás se entere...
se Aquel año, cuando por fin descubrió que el agotamiento y el dolor que él tanto intentaba ocultar se debían a que su abuela estaba grave en el hospital, ella se puso un cubrebocas y empezó a levantarse antes del amanecer. Salía corriendo todos los días al terminar las clases al mediodía, solo para llevarle comida a la señora, bañarla y mantenerla limpia, fingiendo ser una voluntaria.
No estaba segura de si las grullas de papel realmente traían buena suerte, pero en su juventud, aún conservaba una fe sincera en los buenos deseos. Así que, a escondidas, llenó un frasco con grullas de papel y se lo regaló a su abuela.
Seguro que no eran mil, pero era un frasco lleno que le tomó mucho tiempo hacer. Además, escribió una frase de buenos deseos en cada papelito antes de doblarlo.
Mientras deseaba que la abuela de Adrián se recuperara pronto, también rezaba por la salud de su propia abuela.
En aquel entonces, ella sentía que Adrián y ella tenían demasiadas cosas en común.
Ambos habían sido abandonados por sus padres.
Ambos dependían únicamente de sus abuelas para salir adelante.
Los dos crecían con todo en contra, esforzándose por mantener intactos su orgullo y su dignidad.
Incluso llegó a pensar que eran como dos árboles que crecían uno al lado del otro; aunque estuvieran separados por la distancia y sus ramas no se tocaran en lo alto, bajo la tierra siempre habría una raíz entrelazada fuertemente con la del otro.
Al final, todo fue una simple ilusión suya.
Solo sonrió, sin decir una palabra, ni intentar explicarse.

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