Capítulo 169 "¡Ay!", se lamentó Mercedes. No le importaba otra cosa, en realidad lo que más temía era pasar vergüenza frente a Adrián y terminar perjudicando a Olivia.
Adrián se puso de pie.
—No se preocupe, abuelita, no pasa nada. Con una limpiadita queda —dijo.
En el restaurante había toallas húmedas. Adrián tomó una y le limpió las manos y la boca con mucho cuidado hasta dejarla impecable. Para la ropa, la abuela no quiso que la ayudara; ella misma agarró unas servilletas y se limpió.
En un momento ya estaba arreglada otra vez.
La abuela se sentía muy apenada y se disculpó con él.
—Ay, Adrián, qué pena ser tanta molestia.
—¿Cómo cree, abuelita? No diga eso —respondió Adrián. Su mirada se volvió nostálgica—. A mí también me crio mi abuelita. Hubiera dado lo que fuera por poder cuidarla unos años más...
En ese momento, sus sentimientos eran genuinos.
Mientras tanto, en la esquina del pasillo que daba a los salones privados del restaurante, pasaron de prisa Paulina y Beto.
—Adri es demasiado blando—comentó Beto—.
Aunque Olivia no sirva para nada como esposa, él es muy bueno con su abuela. Se me hace que solo trata de compensar que la suya murió muy pronto.
—Sí, Adri siempre ha sido así de devoto. Cuando era voluntaria y lo ayudaba a cuidarla, así de lindo era con ella. Ahora trata a la abuela de Olivia como si fuera la suya —dijo Paulina, aunque su mirada se llenó de resentimiento por un segundo.
—Tú también tienes un gran corazón. Si no, ¿por qué irías de voluntaria al hospital a cuidar ancianos? Los dos son muy buenas personas.
Paulina ni siquiera pareció escucharlo. Ya estaba sumida en sus pensamientos, con la cara reflejando un torbellino de emociones encontradas.
De vuelta en la mesa, Adrián mostraba una paciencia infinita.
Le cortó el corte de carne a Mercedes; cuando llegó el plato principal y ella vio que era mucha comida, él se comió la mitad de la pasta para ayudarla; y al llegar el postre, apartó con cuidado la bola de helado que venía de acompañamiento.
Olivia lo veía hacer de todo y, como nieta, se sentía un poco inútil. ¡La idea era que ella llevara a su abuela a probar cosas nuevas, y ese tipo le estaba robando el papel!
Aburrida, acercó su cuchara de postre al helado, pero él la detuvo.
—Tú tampoco deberías comer esto, tú... —Le dio un rápido vistazo a la cabeza de Olivia y, recordando que la abuela probablemente no estaba enterada, se calló.
Olivia lo pensó un segundo y le dio la razón. Sin importar si podía comerlo o no, en unos días se iría de viaje; era mejor cuidarse. Así que desvió la cuchara hacia la rebanada de pastel.
Acto seguido, Adrián se acabó todo el helado él solo.
Olivia lo fulminó con la mirada.
—¡Estoy casi segura de que solo querías comerte el helado y por eso no nos dejaste probarlo! —le reclamó.

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