Capítulo 185 —Ah, la abuela estaba harta de los pleitos con mis padres y quiso alejarse un tiempo. Ojos que no ven, corazón que no siente. Después de comer le compré un boleto para que fuera a visitar a unas amigas en una ciudad cercana, y de paso se distrajera un poco.
—Me parece bien. —Adrián asintió—. Aunque así la abuela se va a perder nuestro viaje. ¿Cuándo regresa?
¿La esperamos?
Era increíble que él todavía recordara lo del viaje.
¡Creía que ya se le había olvidado!
—Luego vemos —respondió ella con evasivas.
¿Qué sentido tenía esperarla? El viaje, en efecto, estaba por realizarse, pero él no tenía nada que ver en eso; sería un viaje solo para ella.
Después de eso, Adrián se quedó mirando cómo ella no paraba de guardar ropa.
—¿Por qué estás empacando tanta ropa? —preguntó Adrián, extrañado.
—Estoy guardando la ropa de invierno y sacando la de verano —respondió ella con lo primero que se le ocurrió.
Por supuesto que no le iba a decir que planeaba deshacerse de todas esas prendas porque no podría llevarse tanto equipaje.
Ya las había publicado en Mercado Libre. Si alguien se interesaba en estos dos días, las vendería; si para el último día nadie las compraba, llamaría a un recolector para que se llevara todo.
De pronto, su celular emitió un sonido. Era el mensaje de un posible comprador en la plataforma.
Olivia intentó agarrar el aparato, pero Adrián se le adelantó y lo tomó primero.
—¿Mercado Libre? ¿Vas a comprar o a vender algo? — Adrián no alcanzó a leer el contenido exacto, solo vio que era una notificación de la aplicación.
—Ah, ¿conoces Mercado Libre? —Estiró la mano para arrebatarle el celular.
—¿Por qué no habría de conocerlo? Desbloquéalo para que vea. —Él sabía de la existencia de Mercado Libre gracias a Paulina, quien alguna vez le mostró en su celular que ahí vendían bolsas de segunda mano muy baratas.
Desde luego, él no permitió que ella comprara cosas usadas y le regaló una nueva. Aunque, a estas alturas, Olivia ya había recuperado todo eso...
No se sabe qué se le cruzó por la mente, pero apuntó la pantalla hacia la cara de ella para desbloquear el celular mediante reconocimiento facial. Así pudo leer el mensaje de Mercado Libre; era un usuario preguntando por el precio de un abrigo.
A Adrián se le llenó la cabeza de dudas.
—Señora Vargas, ¿te he privado de comida o de ropa?
¿Qué necesidad tienes de estar vendiendo tu ropa?

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