Capítulo 241 Olivia se rio.
En realidad, desde pequeña le había pasado lo mismo: el ballet consumía tanta energía que, cada vez que intentaba hacer dieta, el cuerpo no resistía.
Además, aunque ese día solo había estado a cargo de la logística, también estaba agotada. Tenía hambre.
Era una noche reconfortante, en una tierra extraña, rodeados de gente querida. Todos esperaban alrededor de las ollas de guisado que habían Illevado, dejándose envolver por el aroma mientras la comida se calentaba.
En ese momento, el celular de Olivia vibró: era una videollamada de Adrián.
Recordó que él le había enviado un mensaje diciendo que ya había regresado a Altabrisa. Seguramente había visto los papeles del divorcio y llamaba para hablar al respecto.
Sin hacer ruido, tomó el celular y se fue al baño a contestar.
No esperaba que Paulina apareciera en la pantalla.
—Olivia —la llamó Paulina, y luego comenzó a moverse por el lugar.
Olivia lo vio con toda claridad: Paulina estaba en su casa. No, en la casa donde ella y Adrián habían vivido cinco años juntos. La cámara la mostró caminando de la sala a la cocina.
Adrián estaba en la cocina, haciendo de comer.
Vaya. ¿Llamaban para presumirle su vida doméstica?
—jAdri! —llamó Paulina con cierta urgencia—. ¡Ven a hablar con Olivia!
Adrián se volvió a ver la pantalla un instante, solo un instante, y luego regresó a lo suyo.
—Adri, explícale a Olivia —insistió Paulina.
Adrián no respondió.
Entonces Paulina habló sin esperar más:
—Olivia, lo siento mucho—comenzó—. Fue mi culpa.
Yo fui quien insistió en que Adri me acompañara; él cedió porque no tuvo de otra. No te enojes con él, enójate conmigo. Te pido perdón...


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