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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 254

Capítulo 254 Por fin, escuchó una voz ronca desde el interior.

—Estoy mal.

¿Estaba enfermo?

—Señor, ¿puedo pasar? —preguntó Rosa con cautela.

—Sí.

Al entrar al cuarto, Rosa descubrió algo fuera de lo normal: el señor seguía en cama.

—¿Se siente mal, señor?

—Agua...

La garganta de Adrián estaba seca y ardiendo, como si le echaran fuego por dentro. En el letargo del sueño lo había olvidado todo; ahora que estaba despierto, lo único que quería era agua.

—Sí, sí, espere un momento... —Rosa salió, le pidió a su hija que llenara un vaso, lo tomó de sus manos, le recordó una vez más que se quedara sentada y no tocara nada, y regresó cojeando a la habitación con el vaso bien sujeto.

Adrián hizo un esfuerzo por incorporarse para beber, pero incluso eso era una tortura: cada trago era como si le pasaran un filo por la garganta.

Rosa lo observó hacer una mueca de dolor y notó que tenía la cara muy roja. Por experiencia, sospechó que tenía fiebre. Fue a buscar el termómetro de frente y le tomó la temperatura.

39.5 °C.

Lo vio terminar el agua y volver a recostarse.

—Señor, tiene mucha fiebre —dijo Rosa en voz baja—.

Debería ir al médico.

Adrián negó. No quería ir.

No importó cuánto lo intentó convencer; él se negó a todo, incluso a que le mandaran llamar a un médico a domicilio. Rosa, ya desesperada, terminó buscándole medicamento en el botiquín de la casa. Por suerte, había criado a sus hijos y, además, había cuidado a Olivia durante cinco años; tenía nociones básicas de enfermería. Guiándose por lo que la experiencia le dictaba, encontró lo que necesitaba y se lo dio.

Él estaba aturdido y desorientado. Cuando se tomó el medicamento y volvió a acostarse, alcanzó a murmurar una sola indicación:

—Que la señora duerma en el cuarto de visitas esta noche. Para no contagiarla.

Para ser sincera, Rosa no sentía gran simpatía por Adrián.

Era cierto que él la había contratado, pero cinco años viviendo junto a Olivia le habían dado otra perspectiva; lo que le había pasado a esa muchacha le llegaba al alma. Aun así, él le había hecho un favor en su momento, y ella era parte del servicio de esa casa.

Con las cosas como estaban, dudaba que pudiera irse a corto plazo.

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