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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 301

Capítulo 301 Adrián fue a arrebatarle a Mercedes de los brazos a Santiago.

—¡Yo la llevo, vendrá en mi auto!

Santiago ni lo miró. Con Mercedes en brazos pasó de largo, casi corriendo hacia su auto.

—Olivia...

Adrián quiso hablarle a Olivia, pero ella tampoco le hizo caso.

La policía llegó también, con las sirenas prendidas.

Lorenzo se acercó a explicarles a los oficiales.

—La señora está en estado crítico, dejen que los muchachos la lleven al hospital primero. Yo grabé todo lo que hay adentro, los acompaño a la delegación. Y el malparido de su hijo está ahí dentro.

Adrián se quedó parado en la entrada de la bodega, un momento quería ir con Olivia al hospital, al siguiente veía a Ernesto y quería molerlo a golpes; giró de un lado a otro y se dio cuenta de que todos se movían sin parar y nadie le prestaba la menor atención.

Era como si se hubiera vuelto invisible...

Ver a Mercedes tan débil lo había destrozado. Al ver que Olivia y aquel hombre subían a Mercedes al auto, él también se subió al suyo y los siguió camino al hospital.

Cuando Olivia y Santiago llegaron con Mercedes a urgencias, todo el personal médico y los pacientes en consulta quedaron atónitos, sin entender qué había pasado para que la mujer estuviera en semejante estado.

Enseguida llevaron a Mercedes a la sala de emergencias, y Olivia y Santiago se quedaron esperando afuera.

Tras días enteros de angustia y sin poder dormir, ahora Olivia estaba sentada en una silla como si le hubieran arrancado el alma; no le quedaba ni una gota de fuerza.

Santiago se sentó a su lado, le sostuvo la cabeza y la recargó contra su hombro.

—Ya pasó, Oli, ya pasó...

La habían rescatado, sí, pero hasta que el médico no saliera seguiría sin saber cómo estaba su abuela. ¿ Cómo podía estar tranquila?

Adrián llegó en ese momento, y lo que vio fue a Olivia recargada en el hombro de Santiago.

Apretó la mandíbula, pero se contuvo. Caminó hasta ellos.

—Oli...¿cómo está la abuelita?

Ella no tenía fuerzas ni para decir media palabra.

Santiago, por su parte, ni lo volteó a ver, siguió dándole palmaditas suaves en la espalda a Olivia para tranquilizarla.

Adrián se sentó del otro lado de Olivia y le tomó la mano con suavidad.

Sabía que estaba destrozada y lo entendía.

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