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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 307

Capítulo 307 —No pasa nada —dijo Santiago, sentándose a su lado —. Solo me estaban dando un reporte sobre el avance del trabajo. Todo va bien.

—Santiago, ahora que vas a traer el negocio para acá, ¿vas a volver a vivir aquí con Lorena? —preguntó Olivia con curiosidad.

—Por ahora no. —Sonrió—. Lo más probable es que al principio esté yendo y viniendo en avión. Cuando las cosas aquí se estabilicen y marchen bien, ahí veré si mi mamá quiere volver también. Además, ella tiene su carrera y sus planes; no le interesa nada ser madre de tiempo completo.

—Lorena es fantástica. —Olivia lo sabía: su tía trabajaba en la industria de la moda, había sido diseñadora en una marca importante durante años y recién había dejado esa empresa.

Cuando dijo eso, lo dijo de corazón. El mundo allá afuera era enorme, y sin embargo ella se había encerrado a sí misma durante cinco años.

—Nuestra Oli también es formidable —dijo Santiago con un tono que sonaba genuino.

Olivia sintió ese cariño de familia incondicional, el que dice que no importa cuánto hayas arruinado tu vida ni en qué te hayas convertido, para los tuyos siempre eres lo mejor.

Ese tipo de afecto debería haberlo recibido de sus padres hace más de veinte años. Era algo que hacía mucho había dejado de esperár. Nunca imaginó que, a punto de cumplir treinta, con la vida hecha un desastre, lo recibiría de un primo al que apenas conocía.

—Santiago... —Luchaba por no dejar escapar un sollozo y no le salían las palabras.

—Necia, no te preocupes. De aquí en adelante, nuestra familia va a estar junta.

—Sí. —Olivia asintió. Había vivido casi treinta años, y ahora tenía una familia de verdad. La sensación era indescriptible.

*** Cuando Adrián salió a toda prisa del hospital, Paulina ya había logrado comunicarse con Beto.

No tenía un solo centavo encima y le habían quitado el celular.

La habían arrojado del auto en un lugar apartado y desolado. Para cuando logró salir del costal, el auto ya había desaparecido.

No había una sola casa a la vista, mucho menos personas.

Por suerte estaba en autopista. Se paró en medio del camino a detener autos y pidió que la llevaran a la ciudad.

Pero nadie quiso.

Intentó pedir un celular prestado, y tampoco se animaron. Al final, solo le quedó dictar el número para que alguien marcara por ella.

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