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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 308

Capítulo 308 ¿Cómo se iba a atrever a llamar a la policía?

En cuanto investigaran, todos sus secretos quedarían al descubierto.

Ante la mirada incrédula de Beto, Paulina inventó una mentira.

—Olvídalo, Beto, déjalo así. Hace poco fui a consultar una vidente y me dijo que iba a perder algo de valor, que perder dinero me libraría de una desgracia.

Tomémoslo como que me protegió, de cualquier manera...

Paulina le dirigió una mirada a Beto.

—¿Sabías que puede que Olivia haya vuelto? Seguro ya rescataron a la vieja, esté viva o muerta. ¿Tienes noticias?

Beto quedó pasmado.

—¿Cuándo...?

—Esta tarde. Y no sé cómo estará Adri ahora... —Ella clavó los ojos en Beto—. Adri quiere muchísimo a esa señora. Si se entera de que el maltrato que sufrió tiene que ver con nosotros, ¿qué va a pasar?

Beto también quedó paralizado, pero enseguida reaccionó.

—No... no puede ser. Nosotros solo le dimos una dirección a Ernesto. ¡Fue un favor! La señora vivía sola, ha de haberse sentido muy triste, y su hijo quería cuidarla. ¿Qué tiene de malo que le hayamos ayudado a encontrarla?

—¡Pero si esa gente no tenía ninguna intención de cuidarla! —Paulina no entendía qué le pasaba a Beto ese día. ¿Para qué le decía eso a ella? ¿De qué servía?

¿Adri se lo iba a creer?

Beto sonrió.

—Pero nosotros, ¿cómo íbamos a saberlo? Solo sabíamos que un hijo buscaba a su madre. Eso no tiene nada de malo.

Ella se quedó sin saber qué decir un instante y luego cayó en la cuenta.

—¡Claro! ¿Cómo íbamos a saberlo? ¡Es asunto de la familia Muñoz! ¡Nadie nos dijo nada! ¡Solo estábamos ayudando!

Beto rio.

—Exacto. Adri te adora, y sin importar si te cree o no, te va a perdonar. No hay nada que temer.

Paulina se quedó en silencio.

Eso era fácil decirlo, pero si aquel tipo aterrador le contaba a Adri lo que ella había hecho en el extranjero, Adri tal vez ya no la querría tanto...

Lo miró con dureza, agarró a Beto del brazo y dijo:

—No, le marqué a Pau y tiene el teléfono apagado.

Ni una palabra sobre la abuela de Olivia, ni rastro de enojo. Beto miró a Paulina: todo parecía estar bien.

Paulina asintió.

—Encontré a Pau. No está bien, ven a verla —dijo Beto.

Cuando Adrián escuchó que la habían encontrado, respiró aliviado.

—Qué bueno. Entonces voy después para allá...

—¡No, espera, Adri! ¡Tienes que venir ya! —Se apresuró Beto—. A Pau la asaltaron, está hecha un desastre, muerta de miedo y no deja de llorar.

Paulina se puso a llorar a modo de actuación.

—¿Un asalto? ¡Llama a la policía!

—¡Ven primero y después vemos! Estamos en casa de Pau —dijo Beto, y colgó. Luego miró a Paulina—.

Vamos, esta noche déjamelo a mí.

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