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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 417

La puerta aún no se abría cuando Paulina ya empezó

a lloriquear con voz lastimera:

—Nico, ¿viniste a rescatarme? Lo sabía, eres el mejor de todos. Esos dos son unos malvados, solo saben hacerme la vida imposible.

En cuanto la puerta se abrió, se quedó sin palabras. ¿

Por qué Nico y Renata estaban juntos? ¿Y por qué

venían seguidos de más de diez hombres corpulentos?

—Nico... —No le importó, hizo un puchero y dejó que el agravio se le notara en el semblante.

Nico rio, nervioso.

—Pau, yo...

Le costaba mucho pronunciar las palabras. Sabía que Celeste no soportaba a Paulina, y también sabía que entre Adrián y Paulina había cierta ambigüedad difícil de explicar, pero él era amigo íntimo de ambos. La moral de las personas tiende a ser selectiva: como fuera, los cuatro llevaban años de amistad. Ahora que iba en persona a echar a Paulina, le pesaba en el alma.

La percepción que Nico tenía de la relación entre todos ellos seguía anclada en el pasado. No tenía idea de que los otros tres ya habían cambiado por completo, incluso se convenció de que la amenaza de Beto de romper lazos solo fue un arranque de ira. No sabía que ya no había vuelta atrás.

Paulina se cubrió la cara con las manos y las lágrimas le escurrieron entre los dedos; la imagen misma de la desolación.

—Nico... Nico... —repetía su nombre con voz melosa mientras se lanzaba hacia él para abrazarlo.

Le vino a la mente la advertencia de Celeste, como una sarta de petardos estallando: "Si esta vez vas y te dejas manipular por sus teatritos de víctima, no te molestes en volver a la casa".

Sintió un nudo en el estómago. Retrocedió un paso a tiempo, y Paulina, que no alcanzó a frenarse, se fue de bruces contra el pecho de uno de los trabajadores de la mudanza. El hombre se llevó un buen susto.

—¿Es... está bien, señora? —preguntó el trabajador, nervioso, sosteniéndola.

Paulina miró a Nico con reproche.

—Nico, por favor, no...

Nico no se atrevió a verla a los ojos. Su cara se puso roja.

Paulina sola no podía detener a más de diez personas. Decía que iba a llamar a la policía, pero tampoco se atrevía a hacerlo; Beto le había dicho que no armara escándalo, y si la policía aparecía, él no tendría piedad de ella.

—¡Empaquen todo, lo que se pueda vender se vende y lo demás se tira, no quiero nada! —ordenó Renata una vez adentro, con voz firme.

—No pueden... no pueden hacer esto... son mis cosas... —Paulina lloraba e intentaba frenarlos, pero era inútil. Se volvió hacia Nico y le suplicó entre lágrimas—. Nico... Nico, ayúdame, Nico, ¿no éramos buenos amigos? Detenlos, por favor, ayúdame.

Él la estaba pasando muy mal.

Beto y Paulina eran sus amigos más cercanos y queridos, pero Celeste era su esposa. Si salía en defensa de Paulina, no habría forma de justificarse. ¿

Por qué lo ponían en esta situación?

Al ver a Paulina llorar y gritar, su juicio se desmoronó.

Al final, sin poder contenerse, le propuso a Renata y a la gente de la mudanza:

—¿Y si la dejan empacar sus cosas? Que guarde lo importante, después de todo tiene documentos y cosas así. Cuando termine, ustedes se encargan del resto.

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