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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 418

Renata resopló con desprecio y no se opuso.

Paulina seguía llorando. Nico la apuró.

—Rápido, ve a recoger tus cosas. Ya van a seguir trabajando.

Paulina maldijo a Nico por dentro, "inútil de porquería", pero al ver a Renata y a la gente de la empresa de mudanzas, todos plantados ahí como verdugos esperando turno, no le quedó más remedio que ponerse a recoger sus cosas entre sollozos.

Los documentos de identidad le importaban poco; lo que sí tenía que llevarse eran las joyas, los bolsos de marca y la ropa cara.

Lo metió todo a presión dentro de las maletas. Pero, para su sorpresa, Renata quiso revisarlas.

—¡Todo esto se queda! —Renata señaló todo lo que había dentro de las maletas aparte de los documentos —. La ropa, quédatela. Ya está usada... ¡sucia!

Paulina reaccionó como si le estuvieran arrancando la vida. Se lanzó sobre una maleta y gritó con la voz desgarrada:

—¡Esto es mío! ¡Son mis cosas! ¿Con qué derecho te las llevas? ¡No te las vas a llevar! ¡Son mías!

—¿Tuyas? —Renata le arrojó un estado de cuenta—.

Mira bien. Este es el extracto bancario de la tarjeta de Beto de los últimos dos meses. Se detalla dónde se gastó el dinero, cuánto te transfirió a ti, todo queda clarísimo. Si quieres demostrar que es tuyo, enséñame los recibos de compra.

Paulina se quedó quieta sobre la maleta.

No era que no pudiera mostrarlos, sino que, aunque lo hiciera, los recibos tenían los datos de la tarjeta con la que se pagó, y muchos no correspondían a tarjetas suyas. Y los pocos que sí, eran de compras hechas con dinero que Beto le había transferido.

Nico no era ajeno a lo que sucedía. Todo ese dinero no era de Beto, sino de Adrián, que se lo pasaba a través de Beto. Pero ¿era buena idea decirlo? Si la misma Paulina no abría la boca, ¿no era mejor que él tampoco dijera nada?

Paulina no se atrevía a involucrar a la policía, pero tampoco podía tragarse la rabia, así que llamó a Beto:

—¡Beto! ¡Ven a ver! ¿Sabes lo que está haciendo tu mujer?

Estaba convencida de que, como Beto y Renata se estaban divorciando, ya eran enemigos a muerte.

Aunque tuviera que irse, al menos quería que él le diera una buena regañada a Renata para poder irse con algo de dignidad. Por eso puso el altavoz a propósito.

—¿Qué sucede? —La voz de Beto al otro lado no dejaba adivinar ninguna emoción.

Paulina le contó todo con lujo de detalle y mucho de su cosecha: cómo Renata había irrumpido en la casa, cómo le tiró las cosas, cómo la echó a la calle.

Cuando terminó, miró a Renata con furia, esperando que la reprendieran.

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