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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 419

Sin embargo, lo que jamás esperó fue que Beto la insultara a gritos, y que los insultos fueran dirigidos a ella.

—¡Yo pensé que era algo importante! ¡Te dije que no me contactaras por ahora, maldita sea! ¿Tienes mierda en los oídos o qué? ¡Lárgate de ahí! ¡Estoy ocupado! —Beto colgó sin más.

—Maldito... —Paulina temblaba de ira, apenas podía sostener el celular.

Nico no aguantó más y suspiró con resignación.

—Ya déjalo, Pau, vámonos.

¿Y qué más podía hacer si no se iba? ¿Esperar a que llegara la policía a sacarla?

—¡Ya van a ver! ¡Y Beto también! —Paulina fulminó a Renata con una mirada rencorosa—. ¡A todos les va a llegar su hora, se los aseguro!

Paulina salió con la frente en alto y Nico cargó sus maletas.

Renata cerró la puerta con llave. Detrás de ella, dos empleados de la empresa de mudanzas sostenían las últimas dos cajas de cartón.

Todos esperaron juntos el elevador. El de Renata llegó primero y ella entró, pero era obvio que Paulina no iba a subirse al mismo elevador que ella.

Renata miró a Nico y le dijo:

—Me adelanto entonces. Cuídate, y no hagas que Cele venga a preguntarme qué pasó.

—Oye, si yo no hice na... —Nico no alcanzó a terminar la frase antes de que las puertas se cerraran—. No le vayas a inventar cosas a Cele.

Nico estaba que se jalaba los pelos de la preocupación.

Renata bajó con los de la mudanza hasta el estacionamiento subterráneo, mientras Nico y Paulina salieron por la planta baja.

Ya afuera del edificio, frente al bullicio de la calle y el ir y venir de la gente, Paulina se dejó caer en los escalones y se echó a llorar.

—¿Qué voy a hacer ahora?

¿A dónde iba a ir? ¡Ya ni siquiera tenía dónde vivir!

Nico se agachó junto a ella, suspirando sin parar, ya ni sabía qué pensar.

Lo que ninguno de los dos vio fue que, en un lugar de estacionamiento del otro lado de la calle, había un auto cuya ventanilla se abrió un momento y volvió a cerrarse.

Dentro del auto estaba Olivia.

Y no estaba sola: en el asiento del conductor había un joven de cara aniñada, y en el asiento trasero, junto a Olivia, iba otra mujer.

Observaron cómo el camión de la mudanza salía del estacionamiento subterráneo y se alejaba.

—Pau, quedarte sentada aquí no resuelve nada.

Busca un lugar donde estar, aunque sea un hotel por ahora; puedes buscar con calma un departamento después.

Paulina lo miró con los ojos llorosos.

—¿A dónde voy a ir? Nico, yo... búscame un lugar, por favor. Ya solo te tengo a ti.

Y se recargó hacia él. Nico retrocedió de un salto y puso una maleta entre los dos. Paulina terminó

recargándose en la maleta; la furia le brilló un instante en los ojos, pero volvió a poner cara de sufrimiento, haciendo un puchero con aire lastimero.

—Nico...

—Ay... —Nico suspiró—. No es que no quiera ayudarte, es que apenas muevo un centavo, Cele se entera al momento.

Celeste había registrado la línea telefónica a su nombre, y todas sus tarjetas de banco y de crédito estaban vinculadas a ese número. Así que, sin importar por dónde pagara, en cuanto se procesaba la transacción, Celeste recibía la notificación.

—Sumiso... —Paulina lloró de rabia, pero enseguida le dio un giro y adoptó un tono de "es por tu bien"—.

Nico, no es por molestar, pero eres un hombre hecho y derecho y tu esposa te tiene controlado hasta el último detalle. ¿Eso no te da vergüenza? ¿Nada de lo que te has ganado trabajando es tuyo? ¿Sales con un cliente y ni la cuenta puedes pagar? ¿No te parece humillante? El dinero lo ganas tú, te esfuerzas tanto, y ella te lo tiene todo medido. Es demasiado tacaña, la verdad. Es mala persona y no piensa en ti para nada.

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