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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 462

Santiago le contó que ya casi todo estaba resuelto. En medio año, la empresa de Adrián quedó paralizada y para el año siguiente no tendría cómo sostenerse.

Nico ya había vuelto a vender café, y Adrián tenía que decidir qué hacer con la empresa el próximo año.

Tanto Beto como Paulina fueron sentenciados. A Beto le dieron una condena más severa; Paulina, por estar embarazada, cumplía arresto domiciliario. Los padres de Olivia también fueron a prisión por maltrato. Mateo no participó directamente en el abuso contra la abuela, pero sin el respaldo de Adrián, su empresa no pudo mantenerse a flote. Su novia lo dejó, y lo del supuesto embarazo resultó ser mentira.

—Fue a buscarme a mi oficina. Supongo que quería pedirme ayuda, pero no lo recibí —dijo Santiago— Oli, ¿

crees que soy despiadado?

Olivia escuchó a su primo y negó.

—Tú haz lo que tengas que hacer. Yo sé qué clase de persona eres.

Santiago sonrió. Olivia solo veía lo bueno en él; en su corazón, él era un buen primo, un buen hijo y un buen nieto. Solo que ella no lo conocía del todo.

Santiago dijo todo esto sin importar que Julián estuviera presente. En el extranjero, y sobre todo en Inglaterra, su reputación no era precisamente buena:

que si era despiadado, que si no le importaba nadie, que si solo le interesaban el poder y el dinero. Era curioso que, al volver al país, se mostrara mucho más amable. En cuanto a si en realidad era así o no, él nunca lo explicaba, ni le importaba que Julián supiera de su dudosa fama.

En todo caso, había algo cierto en lo que decían: no le importaba nadie. Pero al mismo tiempo, protegía ferozmente a los suyos. A quienes quería, los defendía a capa y espada. Pero si alguien se atrevía a hacerle daño a alguno de ellos, aunque fuera de su sangre, no le temblaba la mano.

Lo que no le dijo a Olivia fue que sus padres, es decir, su tío y su tía, recibirían el mismo trato que le dieron a la abuela. Temía que ella se sintiera mal, pero hay gente que merece pagar por lo que hizo

—¿Tú?—Sí que necesitaba ayuda, pero lo miró con escepticismo.

—¡Claro que puedo! Si no me crees, pregúntale a Olivia. —Julián se arremangó la camisa.

Olivia no se anduvo con rodeos.

—Déjalo, él puede.

Lorena no se lo pensó dos veces y sumó a Santiago a la tarea. Siendo la cena más importante del año, decidió que no le vendría mal contar con un par de ayudantes extra.

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