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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 463

Al final, Lorena terminó expulsada de la cocina, y poco después, Santiago también fue echado.

—¡Dice que le estorbo! —Santiago rio.

No le molestaba poner a prueba a ese muchacho. Al final de la tarde, Julián había desplegado un banquete impresionante. La mesa rebosaba de manjares:

asados, pastas y una gran variedad de dulces, sin que faltaran las infaltables empanadas caseras.

Lorena no salía de su asombro.

—¿Tu familia también se dedica a la gastronomía?

—No, solo me encanta cocinar —respondió Julián con una sonrisa pícara.

—¡No había cenado así de espléndido en décadas! —

exclamó Lorena, maravillada.

Era una exageración, por supuesto, pero bastaba para demostrar lo bien que había quedado Julián con su despliegue culinario.

—Gracias por el elogio, Lorena —dijo él con una sonrisa que no le cabía en la cara, y además llamándola por su nombre con toda naturalidad.

Cada vez que la llamaba así, Olivia le lanzaba una mirada, y él fingía no darse cuenta, aunque las orejas se le iban poniendo rojas.

Esta era la cena de Nochebuena que Olivia siempre soñó. De niña, cuando veía la televisión, los comerciales mostraban familias reunidas en las fiestas, celebrando; sin importar cuál fuera el anuncio, las imágenes de esas reuniones siempre eran brillantes, la familia entera sonreía y todo se veía tan cálido.

Estaban todos sentados en el comedor amplio y luminoso, con la chimenea encendida y la calefacción a tope; una taza de chocolate caliente bastaba para sacar el sudor. Todos sonreían de alegría, igual que en la televisión.

Eran solo cinco personas, pero la risa y la conversación no pararon hasta bien entrada la noche.

Julián, con su carácter abierto, se integró a la charla enseguida y de vez en cuando soltaba alguna anécdota divertida; Mercedes no dejó de reír en toda la velada.

Con eso bastaba. Olivia se dijo que la definición de felicidad, en ese momento, por fin tomó forma.a *** Aquella noche, tras el festín, nadie quiso irse a descansar. Siguieron reunidos junto a la chimenea, conversando. Afuera volvió a nevar con fuerza, у hasta se oía el susurro de los copos al caer, pero adentro se disfrutaba una calidez primaveral. La leña crepitaba en la chimenea, Olivia se recostó en el regazo de Mercedes, medio adormecida por el vino.

Frente a ella estaba Julián, y cuando le vino la inspiración, se sentó al piano a tocar una pieza.

Olivia se quedó dormida con la música, ahí mismo, sonriendo hasta en sueños.

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