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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 506

Capítulo 506 Antes siempre la llamaba "Olivia". ¿Qué le pasó hoy?

Aunque "bebé" era un apelativo trillado, hasta empalagoso, escucharlo tenía su efecto: era como morder un caramelo de relleno líquido y sentir el dulce derramarse adentro, con el corazón sumergido en chocolate.

—¿Por qué hoy estás tan tierno? —Sonrió con la mirada.

—¡Lo digo en serio! —insistió—. De verdad me arrepiento. Fui un cobarde en la universidad; todo sería distinto, seguro habría tenido mi oportunidad.

Olivia volvió a darle una cucharada de caldo.

—¿Y ahora no tienes esa oportunidad?

—Lo único que me molesta es que el tiempo es muy poco. Tengo varios años menos contigo de los que otros han podido disfrutar. —El caldo dulce le sabía agrio.

Olivia le lanzó una mirada de reproche fingido.

—¿Y por qué no dices que las próximas décadas son nuestras?

Al escuchar eso, se puso eufórico.

—Bebé, ¿estás diciendo que vas a casarte conmigo?¿

Que vamos a vivir felices para siempre?

—¡Ah, no era eso! —Olivia puso los ojos en blanco—¿

Estás bromeando conmigo?

—¡No! ¡Claro que no! Yo solo... —Julián volvió a meter la piedra en la cajita y se la devolvió—. Yo solo quiero un regalo especial, como este.

Olivia tomó la piedra y la observó detenidamente.

Suspiró.

—Hay tantas cosas buenas en este mundo. ¿En serio quieres una tan poco valiosa?

No era más que una piedra de río con algo de color.

—Bueno... —Tampoco quiso negarlo y se rio—. Bebé, piénsalo. Si Adrián guardara algo de la otra, a ti tampoco te gustaría, ¿no?

A Olivia se le revolvió un poco el ánimo.

Adrián era su pasado vergonzoso y la herida en carne viva que la había dejado destrozada. Él lo sabía, y aun así lo usaba en este momento como argumento para convencerla.

—¿Cómo va a ser lo mismo? —Intentó explicarle.

Leonardo no tiene nada que ver con Paulina.

Leonardo no fue más que compañero de preparatoria.

Pero al ver la mirada terca y suplicante de Julián, no siguió hablando.

Trató de ignorar la incomodidad y se obligó a serenarse, quería entenderlo. Pero no iba a tirarla por darle gusto.

—La guardaron sus padres. Yo me la traje, y me da pena botarla. Voy a buscar la manera de darle un destino digno.

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