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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 507


Capítulo 507 —¿O... devolvérselo a sus padres? —dijo Julián con una sonrisa—. Para que les quede algo a lo cual aferrarse.

Olivia negó, sin estar de acuerdo.

Leonardo había dejado pocas cosas y cada una de ellas era un tesoro para sus padres. Si ese tesoro terminó en sus manos, ¿cómo se sentirían ellos si lo devolviera en ese momento? ¿No sería como abrirles de nuevo la herida?

—No te preocupes, ya pensaré en algo, le voy a dar un destino apropiado, debes estar tranquilo de que no me lo voy a quedar. —Olivia terminó de comer, llamó a Rosa para que se llevara la bandeja y, de pronto, le entró un sueño tremendo—. Por cierto, ¿ya tienes cita para tu visa? ¿Lo haces en Altabrisa o regresas a la capital? ¿Tienes los papeles listos?

—Voy a hacerlo en Altabrisa, contigo. Los papeles todavía no los tengo listos, vine volando por tratarse de una emergencia. —La tomó de la mano, con delicadeza.

—Qué pena hacerte pasar por todo esto. —Olivia le dio unas palmaditas—. Y anoche tampoco descansaste bien, ¿no quieres dormir un rato?

—No. —Él sonrió y dijo—: Me regreso hoy, arreglo los papeles cuanto antes, vuelvo a Altabrisa y ya no iría a la capital, me quedaría aquí contigo todo el tiempo.

Olivia lo pensó y le pareció buena idea.

—Entonces voy a dormir un rato, tú también descansa, en la tarde te llevo al aeropuerto.

—Está bien. —Julián le acarició el cabello—. Duerme, no te molesto.

Olivia durmió profundamente. Su plan era despertarse al mediodía para llevar a Julián, pero cuando abrió los ojos eran las tres de la tarde y Rosa había empezado a preparar la comida.

—El señor Julián dijo que siguiera durmiendo, que no la despertara; ya se fue al aeropuerto —le dijo Rosa.

—Está bien. —Sin celular se sentía muy incómoda, así

que pensaba salir a comprarse uno y reactivar su número, pero esta vez tenía que llevarse a sus escoltas.

A Olivia le pareció muy adecuado. Leonardo era una persona con un amor vehemente por la naturaleza;

cuando estudiaban, él decía que su sueño era recorrer cada rincón del mundo.

Lástima que no le alcanzó el tiempo...

Ella eligió un alcanforero. Recordaba que afuera de los salones de la preparatoria había una hilera de esos árboles. En las tardes de verano los muchachos del equipo de básquet se sentaban bajo su sombra a arrancar hojas para silbar con ellas; hacían un ruido espantoso, peor que el de un tenedor rayando un plato.

Con el plan decidido, solo faltaba la ceremonia de despedida; ya era muy tarde para hacerla ese mismo día. Acordaron una fecha para volver y decidió

quedarsea pasar la noche en una posada del lugar.

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