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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 508

Capítulo 508 Como dice el dicho, el mundo es un pañuelo.

Jamás imaginó que se encontraría con Adrián en ese lugar.

Por la mañana, terminó de arreglar sus cosas, tomó la piedra y salió. Justo en el vestíbulo de la posada vio que Adrián y Anna también se disponían a salir.

Olivia iba acompañada de tres guardaespaldas, todos de más de un metro ochenta.

Adrián los miró y asintió: por fin Olivia le había hecho caso en algo.

Ella fingió no verlo y salió con sus escoltas. En el portón de la parroquia, volvió a encontrárselo, otra vez con Anna.

—¿Tú también vienes a la iglesia? —Adrián, parado junto a Anna, le preguntó con una sonrisa.

En un lugar como ese, no quería discutir con él.

Además, ese día, sin saber por qué, sentía algo en el pecho como nunca: una combinación de paz y melancolía. Sentía que en cualquier momento las lágrimas le iban a brotar y, al mismo tiempo, la abrazaba una calidez inexplicable.

Emociones difíciles de nombrar.

Quizá fueran los muchos árboles plantados en el lugar los que le traían a la memoria esas tardes soleadas de la preparatoria, cuando la luz se filtraba entre las hojas, las cigarras cantaban y, en el aula, todos cabeceaban de sueño.

Los recuerdos siempre llegan tibios y agridulces, y más aún cuando la persona que vive en ellos ya no está. Ese día le pertenecía a Leonardo, y ella decidió

no discutir con Adrián. Murmuró un simple "ajá", a modo de respuesta.

Caminaron uno detrás del otro: ella fue a la oficina de la parroquia y él entró directo al templo. Como dos extraños que apenas se saludan.

Adrián entró y se inclinó para orar. Luego fue al puesto de artículos religiosos y, sin pensarlo mucho, pidió unas estampitas de paz y salud. A estas alturas de su vida, la riqueza y lo demás ya no le hacían falta.

Tras guardarlas en el bolsillo, se giró hacia Anna.

—¿Todo bien?

Anna no contestó.

Él sonrió.

Se quedó al lado de Olivia y participó en toda la ceremonia de despedida.

En un momento tan solemne, ella ignoró su presencia. Entre los rezos, vio cómo aquella pequeña piedra se hundía en la tierra y rezó en silencio:"

Leonardo, ojalá seas libre como el viento y nada te detenga. En tu próxima vida..."

No sabía qué desearle si había una próxima vida. En realidad, conocía muy poco a Leonardo.

"Entonces... Si hay otra vida después de esta, ojalá tu camino esté siempre lleno de fortuna y todos tus deseos se cumplan".

Cuando terminó su plegaria, vio que Adrián también tenía los ojos cerrados, seguramente rezando por Leonardo. Ellos dos habían sido muy cercanos.

Concluida la ceremonia, Olivia volvió a agradecer al sacerdote; Adrián insistió en dar parte del donativo.

Ella no se opuso.

Él y Leonardo habían sido amigos desde siempre. Era hora de que cada uno hiciera su propia ofrenda: a él lo que le correspondía, a ella su promesa.

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