Capítulo 52 Resultó que toda esa preparación no había servido de nada.
Sonrió para ocultar la tristeza.
-Lo preparé pensando en ti. Dime, ¿te parece que soy una buena esposa o me falta mucho todavía?
-Tú... -Adrián sacó la caja, la arrojó con fuerza y la tiró a la basura-. No hace falta, no necesito estas cosas. Si llegamosa tener un hijo, tengo con qué mantenerlo, jaunque por ahora me alegra no tener ninguno!
Cerró la maleta, le puso el seguro y se la llevó sin decir nada más.
Olivia se quedó paralizada un momento. Luego sacudió la cabeza, intentando sacar de su mente todo el malestar y el dolor; tenía que concentrarse en sus propios asuntos.
Aún no terminaba de llenar el formulario del visado, todavía le faltaban algunos detalles.
Después de desayunar, salió a una sucursal para tramitar su estado de cuenta bancario y regresó a encerrarse en su cuarto. Siguió llenando la solicitud hasta la tarde, pero el tiempo se le vino encima y todavía no acababa; tenía que irse ya para alcanzar su vuelo.
No tuvo más remedio que llevarse todos sus papeles para terminar de llenarlos en el camino.
Doña Rosa la vio salir arrastrando su maleta y le preguntó muy extrañada a dónde iba. No era para menos, pues Olivia casi nunca quería ni asomarse a la calle, y ahora, de la nada, llevaba equipaje.
-Voy a ir al aniversario de mi universidad, regreso en dos días. No le digas nada a Adrián para que no se preocupe, ¿está bien? -le pidió.
-Ah... claro, no se preocupe -respondió la mujer.
En cuanto bajó, pidió un taxi y se fue al aeropuerto.
Llegó a la capital por la noche. Le envió un mensaje a la maestra Carmen para avisarle que ya estaba ahí y que se verían al día siguiente en la oficina de visas.
Después, tomó un taxi hacia su hotel.
Nada más llegar, y sin darse tiempo para descansar, abrió su computadora y siguió con los formularios.
Terminó a las tres de la mañana y envió el correo a la escuela.



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