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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 520

En ese momento, la mano con la que Julián la sujetaba la sintió como un grillete.

—¿Te parece divertido lo que dices? ¿Por quién me estás tomando?

Él la miró sin entender nada. Le apretó la mano y la sacudió un poco.

—Lo digo por tu bien, es solo que te amo demasiado, tengo miedo…

Olivia recordó sus palabras de esa mañana: que no había que dejar resentimientos sin resolver, que los problemas debían arreglarse en el momento. Por eso se esforzó en mantener la calma y le habló con seriedad.

—Julián, así no podemos seguir. Mi vida no gira solo en torno a ti; tengo mis amigos, mi carrera, mis colegas y es imposible que no aparezcan hombres a mi alrededor. Si vas a estar celoso de cualquiera que me hable, esto va a ser insoportable.

A Julián se le entristeció la mirada.

—Lo sé, fui yo el que estuvo mal. Perdóname una vez más, no volverá a pasar.

—Eso ya lo has dicho varias veces. —Olivia lo miró fijamente.

—Créeme. —Julián bajó la mirada—. Esta vez te prometo que va en serio.

—Vamos a seguir comiendo. —Olivia decidió no darle más vueltas al asunto.

—Está bien. —Julián le apretó la mano—. Mi amor, en serio te amo.

Olivia sonrió de forma forzada.

—Lo sé.

Empezar una relación no es fácil. Ojalá fuera la definitiva y aún pudiera repararse.

Por la tarde, Olivia fue a la clínica para su rehabilitación.

Cada sesión duraba entre dos y tres horas, Julián siempre la acompañaba en la sala.

Esta vez, cuando salieron, era el cambio de turno entre el personal diurno y el de la noche. Olivia notó que cada enfermera que llegaba al turno nocturno traía una bolsa de pan y todas eran del local de Adrián.

No quiso darle importancia, porque si no, Julián volvería a hacer un drama.

Algunas decían que era una verdadera lástima, que La Casita de Galletas era el mejor lugar de la zona para pan y pasteles, porque sus sabores les recordaban a casa.

Otras decían que tal vez el negocio tenía problemas económicos y otras preguntaban si solo iban a cambiar de local.

En medio de las opiniones, entró la última enfermera del turno nocturno. Traía la mayor cantidad de pan y, mientras caminaba, iba diciendo:

—Yo me llevé todo lo que quedaba en la tienda; el dueño cerró y se fue a casa.

A las demás enfermeras solo les quedó lamentarse de no haber alcanzado a ir.

—Les comparto un poco. Esa tienda ya no va a abrir más. Le escuché a la señora del local de al lado que esta mañana fueron a armarle un escándalo; le exigían que cerrara y hasta le rompieron cosas.

Al escuchar eso, a Julián se le desencajó el rostro y comenzó a apurar a Olivia.

—Mi amor, vamos rápido, todavía nos queda un ensayo.

—Está bien. —Olivia siguió haciendo como si no hubiera escuchado, recogió su bolsa y se dispuso a despedirse del doctor Salas y a acordar la hora de la siguiente cita.

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