Capítulo 55 ¿Quién más podría ser el que caminaba desde el otro lado del callejón sino Adrián?
-¿Qué pasó? -preguntó mientras se acercaba rápidamente a Paulina. Se veía genuinamente preocupado y no se fijó en nadie más.
Hizo un puchero y comenzó a portarse de forma caprichosa frente a él.
-¡Esta gente se quiere aprovechar de que no somos de aquí! El turno está libre porque no ha llegado nadie, les dije que pagaría diez veces más por el lugar y no quisieron. ¡Son malísimos!
Él le dio unas palmaditas afectuosas.
-No te preocupes, hablaré con ellos.
Pero Paulina se movió con impaciencia, quejándose.
-¡No quiero! ¡Voy a apartar todos los turnos! Para que vean que con nosotros no se juega. Adri, ya les dije a todos estos... -Señaló con el dedo a las personas que esperaban en la fila-. ¡A cada uno le voy a dar mil dólares! ¡Vamos a cerrar el lugar solo para nosotros y que se larguen!
Al escucharla, Adrián sonrió divertido, en su mirada solo había cariño.
Olivia observó la escena con una sensación de incredulidad.
A pesar de lo absurda que era la exigencia de Paulina, a los ojos de él, ella se veía encantadora. ¿En qué parte estaba lo encantador?
Adrián parecía disfrutar mucho esa actitud, pues incluso le acarició el cabello mientras se reía.
-Solo se reservan restaurantes para eventos privados, ¿cómo vamos a hacer eso en un consultorio? Además, eso da mala suerte.
En menos de un minuto, le había sonreído dos veces a Paulina, y eran sonrisas que le nacían delalma.
Resultaba que la diferencia entre querer a alguien y no quererlo era demasiado obvia.



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