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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 263

Cristina se rio por lo bajo y se levantó.

—Sigan con su conversación, yo estaré abajo.

Después de recoger los platos sucios, salió del estudio. Al pasar junto a Magdalena, Cristina se dio cuenta de que esta se estaba riendo de forma peculiar, como si no hablara en serio.

Una vez que bajo, el mayordomo tomó los platos y le preparó el desayuno a Cristina; por su lado, Sebastián ya había terminado de comer y regresó a la empresa a buscar unos documentos que Natán necesitaba, ya que había dicho que no iría a la oficina en los próximos días, de hecho, todas las reuniones se llevarían a cabo de manera virtual.

Cerca del mediodía, tanto Sebastián como Magdalena ya habían realizado varios viajes de la oficina, a la mansión. Cristina estaba sentada en el sofá del estudio de Natán y se dispuso a dibujar algunos diseños; hacía poco tiempo había aprendido a utilizar una tableta para diseñar, así que poco a poco encontraba más funciones en ella. Al final se dio cuenta de que le tomaría bastante tiempo aprender a usarla en su totalidad. Mientras se concentraba en la tableta, la conversación de Sebastián y Magdalena llamó su atención.

La chica dejó de hacer lo que estaba haciendo y levantó la vista. Sebastián sostenía una carpeta y fruncía el ceño.

—¿Cómo se me pudo olvidar esto?

—Durante varios días no pude contactarlos, así que dejé los documentos aparte, y como ni uno de los dos tuvo tiempo para revisarlos, no sabían nada al respecto.

Ante eso, Sebastián asintió con la cabeza y suspiró.

—Así es, estábamos muy ocupados tratando de encontrar al culpable del caso de la señorita Cristina y por eso no teníamos tiempo para trabajar. —Sebastián hizo una pequeña pausa al recordar que no debía hablar tanto sobre el incidente y agregó—: Bien, me ocuparé de esto pronto.

También hubo un ligero cambio en la expresión facial de Magdalena, pero pronto tomó otros documentos y se fue con Sebastián. Al pasar junto a Cristina, se fijó en ella, pero no notó nada extraño, de hecho, Cristina se veía tan tranquila como siempre y parecía estar concentrada en lo que hacía.

Magdalena soltó un suspiro de alivio en secreto, pues si tenía suerte, Cristina no habría notado nada extraño. En cuanto se cerró la puerta del estudio, Cristina recordó que Magdalena le había preguntado por su herida aquella mañana; lo raro era que el accidente no salió en las noticias, además, ella no había tenido contacto con Sebastián ni con Natán, así que no había forma de que supiera sobre su ataque. Y aunque le hubiera visto la herida, debió preguntar primero cómo se la ocasionó.

«¿Cómo es que parece que Magdalena lo sabe todo?», se preguntó.

A Cristina le empezó a doler la cabeza mientras pensaba en el asunto, entonces respiró profundamente y cuando recobró el sentido, alguien le arrebató el bolígrafo de la mano.

—Deberías descansar si no te sientes bien.

Cristina levantó la vista y parpadeó, luego estiró los brazos y dijo:

—En ese caso, llévame a la cama, para que pueda tomar una siesta.

Aunque su herida casi había sanado por completo, tomó algunos antiinflamatorios para prevenir el dolor, pero estos la adormecían con facilidad; para ser alguien que rebozaba de mucha energía, últimamente se sentía muy cansada.

En eso, Natán le dio un pequeño pellizco en la nariz y dijo:

—Eres demasiado floja. —Levantó el cuerpo de Cristina como si fuera una pluma y se quedó con ella hasta que se durmió. Fue hasta entonces, que el hombre salió de la habitación.

De pronto, sonó su teléfono: era Sebastián.

—Señor Herrera, el señor Mendiola dice que esta noche está libre para hablar sobre el proyecto Gerintonia, ¿quiere que haga los arreglos para la reunión?

El proyecto Gerintonia era algo que Natán había estado esperando durante mucho tiempo, pues implicaba una enorme cantidad de fondos y una simple llamada no sería suficiente para hablarlo, ya que había muchos detalles que requerían de comunicación constante entre ambas partes.

Natán apretó los dientes y respondió:

—Sí, prepara la reunión.

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