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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 266

Cristina se abrazó al cuello de Natán y el hombre sonrió, luego, tan ágil como un conejito, la chica saltó en sus brazos y enredó sus piernas alrededor de la cintura del hombre recargando su cabeza sobre su pecho. Restregó levemente su rostro contra él para aspirar su aroma y dijo con ternura:

—No me importa, quiero que me lleves.

Su dulce voz enviaba corrientes de cariño por todo el cuerpo de Natán y, con una sonrisa, se agachó un poco sobre su cuerpo y le besó la frente, a lo que Cristina levantó levemente la mirada y presionó sus labios contra su barbilla. Su cálido aliento lo volvía loco y su mirada se ensombreció en respuesta; justo como un animal que buscaba escapar de tu jaula, Natán no pudo contenerse más y la besó apasionadamente. El aroma de ambos llenó la habitación, al mismo tiempo que sus sombras entrelazándose eran reflejadas en la alfombra.

Al día siguiente, Natán llamó al médico familiar para que revisara las heridas de Cristina, pues él aceptó que regresara a trabajar una vez que el doctor confirmara que estaba fuera de peligro. Por otro lado, sus lugares de trabajo estaban cerca el uno del otro, por lo que Natán la llevó hasta el estudio antes de irse al Corporativo Herrera. Cuando Cristina abrió la puerta, se encontró con Rita limpiando el lugar, entonces la mujer se giró y de inmediato preguntó:

—Señorita Suárez, ¿sus heridas ya sanaron? ¿Por qué regresó tan rápido?

Rita se enteró del accidente por Sebastián, pero como no dejaron que la mujer la visitara en el hospital, tuvo que regresar a Jadentecia primero.

—Estoy bien. Regresé porque tenemos un pedido que terminar y ya no puedo seguir perdiendo el tiempo —respondió Cristina. La chica miró el reloj y se sintió aliviada luego de recordar que había hecho un pedido de telas de muy alta calidad.

—Comenzaré a trabajar, no me molestes al menos que sea algo muy importante, por favor —dijo Cristina.

—Claro, señorita Suárez —respondió Rita antes de tomar algunas fotografías de Cristina y subirlas a sus redes sociales con una leyenda atractiva.

El estudio de Cristina estaba ganando reconocimiento dentro de la industria y tenía miles de seguidores en sus plataformas oficiales, por lo que sus fotografías obtendrían muchos me gusta. Mientras tanto, Cristina había elegido finalmente las telas y comenzó a coser una vez que decidió cuál sería el resultado final; al mismo tiempo que trabajaba, la chica trataba de alejar algunos pensamientos de su mente.

Para cuando Brenda llegó, ya era la hora del almuerzo. Rita no la conocía y por eso cuando la chica entró, la recibió muy emocionada, como si se tratara de una cliente nueva.

—Señorita, ¿tiene algún diseño en mente? Mi jefa es demasiado talentosa y recientemente ganó una competencia de diseño.

Brenda se sorprendió ante el excelente servicio y dijo:

—Soy amiga de Cristina, así que no preocupes por mí, pero ¿podrías ayudarme a llevar las cosas que traje?

—Me disculpo, debí preguntarle primero sobre el motivo de su visita —respondió Rita sonrojada luego de darse cuenta de que había estado demasiado ocupada hablando de Cristina, que ni siquiera preguntó quién era Brenda.

—Está bien, solo continúa trabajando —respondió Brenda sonriendo.

Segundos después, la puerta se abrió de nuevo. Se trataba de la entrega de unas piezas de arte; Brenda le pidió a Rita que los acomodara dentro del estudio mientras que ella iba al estudio. La luz de la mañana que entraba por la ventana caía de manera delicada sobre el cuerpo de Cristina, iluminando todo el lugar.

Ante eso, Brenda abrió la puerta y dijo:

—Ya casi es mediodía y puedo apostar que no has comido. La verdad no puedo entender porque tú y el señor Herrera aman trabajar, ¿quién va a cuidar de sus hijos en el futuro?

Cristina la miró con una pequeña sonrisa en sus labios.

Cristina se rio fascinada por la emoción de su amiga. No tenía planeado tener hijos pronto pues se quería enfocar en el estudio, así que pensaría en ello después. Ambas mujeres estuvieron hablando y riendo durante un rato hasta que perdieron el sentido del tiempo y ya era más allá de mediodía. Brenda sugirió compartir los trabajos de Cristina en su cuenta personal y le dijo que debería abrir su propia boutique. Las ganancias del estudio eran buenas, pero serían mucho mejor teniendo un negocio abierto al público.

Cuando se iba, cerró el estudio y al girarse se llevó un enorme susto pues se encontró con una figura en medio de la oscuridad.

—¡Ah! —exclamó Cristina. Estaba temblando tanto que las llaves se le cayeron. La persona frente a ella era una mujer que se veía demacrada, pero a pesar de su terrible estado, Cristina fue capaz de reconocerla—¿Celeste?

Debido a que no tenían suficientes pruebas contra ella, Celeste fue liberada, además de que no pudieron encontrar evidencia sobre el pago del hombre que agredió a Cristina; pero sí pagó una pequeña cantidad de dinero para que le dijeran en dónde estaba el estudio de Cristina, así fue como llegó.

Cristina dio un paso hacia atrás debido al miedo, pues la mujer frente a ella se veía como un animal asustado y listo para atacar en cualquier momento. Pero justo cuando Cristina pensaba en cómo podría escapar, la mujer se dejó caer al suelo y comenzó a llorar desconsoladamente.

—Cristina, te lo ruego, por favor, deja a mi familia en paz. Me disculpo por lo que te hice —dijo.

«¿Dijo que quiere que deje a la familia Farra en paz?».

Entonces, Cristina recordó algunos chismes que escuchó de Benjamín; al parecer, la familia de Celeste era muy respetada en Helisbag, lo que explicaba el porqué de su fuerte comportamiento.

—¿Estás bromeando? Soy una simple diseñadora, ¿cómo podría hacerle daño a tu familia? Tal vez hicieron enojar a otra persona —respondió Cristina sintiéndose incrédula ante la acusación.

Celeste seguía llorando mientras explicaba:

—No tiene sentido que lo niegues, ya investigué y sé que la persona que quiere comprar las acciones de la empresa de mi familia es Natán Herrera, tu esposo; así que, si no fuera por tu culpa, ¿qué otra razón tendría él para tratar de arruinar a los Farra?

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