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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 267

Celeste no podía estar más arrepentida.

«De haber sabido desde un principio que Cristina tenía un esposo tan poderoso a su lado, lo hubiera pensado dos veces antes de causarle problemas. No me importa sufrir las consecuencias de mis acciones, pero ¿y mi familia? ¿Cómo compensaré por arruinar la reputación que tanto sudor y lágrimas les costó obtener? Admito que odio a esa mujer al punto de quererla muerta. No obstante, tan pronto me di cuenta de que no era una persona con quien debería enemistarme, me arrepentí de todo lo que había hecho».

—¡Cristina, te lo ruego! ¡Soy yo la persona detrás de esos ataques contra ti en internet y quien juntó a personas para que fingieran una protesta, pero nunca mandé a nadie a que te lastimara! —exclamó con gran arrepentimiento mientras se limpiaba las lágrimas del rostro.

La mujer tenía una apariencia patética y su frágil figura parecía estar a punto de ser arrastrada por el viento.

La mirada de Cristina se ensombreció un poco.

«Jamás hubiera creído a Natán capaz de hacer algo así a mis espaldas» …

Su mente estaba envuelta en pensamientos y emociones. Aunque no esperaba que la situación llegara a ese nivel, el mero recuerdo del golpe hacía que la cabeza le punzara de dolor.

—¿Niegas tus negras acciones ahora que las consecuencias llegan a tocarte a la puerta? ¡Qué sorpresa! ¿Acaso crees que con decir un par de palabras serás absuelta de lo que me hiciste? —dijo Cristina; su mirada expresaba indiferencia.

«No soy ninguna santa, así que no estoy obligada a perdonar a quienes me lastiman».

Cristina estaba por irse cuando Celeste se abrazó de su pierna.

—¡Por favor, perdona a mi familia! ¿Qué necesitas oír de mí para que me creas?

«¡Necesito hacer que me perdone! Si no lo hago, mi familia no podrá sobrevivir el malicioso ataque del Corporativo Herrera sobre las acciones de nuestra empresa y todo se vendrá abajo. Si eso ocurre, todos en mi familia se verán inmiscuidos en este desastre».

El pálido rostro de Celeste se contorsionaba mientras continuaba diciendo:

—No tengo idea de quién intenta culparme, pero te juro que no contraté a nadie para que te lastimara. ¡Que me parta un rayo y me mate ahora si lo que te digo es mentira!

¡La mujer estaba dispuesta a perder su vida para probar su inocencia!

Al ver a Celeste llorar desconsolada, una semillita de duda se implantó en el corazón de Cristina.

«Si en verdad fuera culpable, no estaría mostrando esta actitud que solo una víctima pudiese expresar. ¿Será que hay algo más detrás de este incidente?»

De pronto, recordó la conversación que tuvo con Magdalena esa mañana y guardó silencio un momento.

En eso, oyó que el teléfono en su bolso comenzó a sonar y pensó que se trataba de Natán llamando para apresurarla.

—Ya deberías irte. Yo me encargaré de llegar al fondo de esto. Si tú eres la culpable, te prometo que no dejaré que te salgas con la tuya. Pero, si no lo eres, nadie te acusará falsamente.

Con eso, Cristina se sacudió la mano con la que Celeste sujetaba su tobillo sin importarle nada más.

Al encontrarse con lo que parecía un rayo de esperanza para ella, se olvidó de limpiarse las lágrimas del rostro y preguntó:

—¿Eso significa que pedirás al señor Herrera perdone a mi familia?

Al oír esto, Cristina pausó su caminar un momento antes de continuar con su recorrido hacia el ascensor sin decir ni una sola palabra.

Una vez afuera, vio un Maybach estacionado al lado del camino. Luego, caminó hacia él y se subió al auto de inmediato.

Dentro del auto, Natán le dio un vaso de leche tibia.

—Tus heridas todavía están en recuperación, así que no quiero que andes trabajando de más.

Incluso dentro de aquel auto oscuro, ella podía observar el brillo de sus ojos cual estrellas en el firmamento. Luego, asintió y dijo:

—Está bien. Entiendo.

Acto seguido, tomó el vaso de leche sin apartar la mirada del hombre.

«No he notado nada extraño en su rutina estos últimos días. Ha estado trabajando y pasando tiempo conmigo como siempre. Jamás se me hubiera ocurrido que estuviese atacando a la familia Farra al mismo tiempo».

En ese momento, se percató de que estaba tan acostumbrada a la elegancia, calma y madurez de Natán que se había olvidado de que debajo de ese traje estaba un hombre de naturaleza salvaje, implacable y decidida.

«Estoy segura de que, si alguien me lastimara, él no se quedaría de brazos cruzados, sino que se aseguraría de hacerle la vida imposible a esa persona».

De pronto, la imagen de Celeste envuelta en llanto se le vino a la mente.

«Aunque lo que me hizo es despreciable, dejar que las autoridades se encarguen de ella es castigo suficiente».

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