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¿Mi esposo es mi amante secreto? romance Capítulo 291

La producción del taller alcanzó su punto máximo después de que Gladis Juárez comprara todos los vestidos esa noche. Como resultado, Cristina ya no tuvo que apresurarse con su trabajo durante el periodo siguiente; podía primero atender los pedidos y, luego, trabajar sin prisas, que era el estilo preferido de los diseñadores.

—Deja de llamarme «jefa» —comentó Cristina, riéndose—. Hace que parezcamos distantes.

Antes, ya le había dicho que no cambiara la forma de llamarla: «Sigue llamándome “jefa” y me parece que suena muy formal».

Rita se encogió de hombros, pues estaba acostumbrada a dirigirse así a sus superiores en su anterior trabajo.

—¿Por qué no la llamo «señorita Cristina»? Aunque sea más joven que yo, sigue siendo mi jefa, así que no es apropiado que la tutee.

—Bien, al menos suena mejor que «jefa» —contestó con aprobación.

Las imágenes de los vestidos de ese día se volvieron virales en Internet, llamando mucho la atención al estudio de Cristina. Muchas personas ya le habían enviado mensajes privados a través de su cuenta en las redes sociales, pidiendo una cita para que les personalizara un vestido. Rita estaba a cargo de comunicarse con los clientes, ya que tenía bastante experiencia en ese campo.

Solo cuando casi era hora de salir del trabajo, Cristina recogió sus cosas y se dirigió al Corporativo Herrera. Reflexionó sobre lo que Jimena le había dicho aquella mañana y llegó a la conclusión de que, en realidad, las acciones de Natán no eran para nada sorprendentes.

Durante todo este tiempo, Natán siempre se había comportado como una persona de la élite tranquila, elegante y refinada; sin embargo, se dio cuenta de que no era tan amable como parecía cuando recordó la primera vez que se conocieron y, además, cuando se enfadaba, su mirada profunda era tan intimidante como la de una bestia terrorífica.

Para cuando se dio cuenta, ya había llegado al exterior del Corporativo Herrera. Jolette estaba sentada en el sofá de la oficina de Magdalena, donde las dos disfrutaban de una botella de vino tinto Lafite de 1982, cuyo costo era de diez miles por sorbo.

—Eres la mejor, Magui. Tú sí me invitas un vino tan exquisito, no como Cristina, que se hace la altiva en cuanto nos vemos. —La expresión de Jolette se llenó de hostilidad al pensar en Cristina.

Magdalena estaba encantada con lo que escuchó; en realidad, amaba que los demás se expresaran con desagrado sobre Cristina. Aun así, mantuvo su porte elegante frente a Jolette.

—No digas eso. El señor Herrera eligió a Cristina como su mujer y, además, es tu prima política.

—¿Por qué tú no eres mi prima política? —se quejó Jolette, suspirando un poco.

«Si tan solo Magdalena fuera mi prima política, tendría a una persona más de mi lado en la familia Herrera», pensó. Por otro lado, Magdalena, a pesar de la alegría que sintió al escuchar lo que dijo Jolette, se limitó a sonreír un poco como respuesta, sin atreverse a ser tan obvia con sus sentimientos delante de extraños.

—A propósito… —De repente, a Jolette se le ocurrió algo y se puso en pie de un salto—. ¿Natán por fin sanó de su fobia rara a mujeres? —preguntó preocupada. Natán le prohibía a cualquiera hablar de ese asunto y no todos lo sabían; por lo tanto, si se filtraba el más mínimo detalle, él sabría al instante quién lo divulgó sin necesidad de investigar.

Mientras tanto, Magdalena perdió la cuenta de las veces que había querido decirle eso a Cristina, pero acabó tragándose sus palabras. Sus pupilas se dilataron muy apenas cuando se le ocurrió algo malicioso: «¿Y si… alguien más le contara sobre esto a Cristina? Si fuera así, Natán no podría culparme, aunque se enfade…».

—No. —Esta fingió poner un semblante preocupado—. La fobia del señor Herrera a las mujeres aún no sana. Además, su cuerpo es muy sensible a las mujeres, tanto que ni siquiera puede tocarlas.

—¿Hablas en serio? —exclamó Jolette, abriendo los ojos como platos—. Entonces, ¿cómo es que Cristina puede tocar a Natán?

«La tía Julia ni yo jamás hemos podido tocar a Natán en el pasado. Supuse que había superado su fobia cuando vi cómo era tan íntimo con Cristina».

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