Aunque Sebastián estaba furioso, no quería interrumpir el trabajo de Natán y decidió no decir nada sobre Magdalena.
Mientras tanto, Natán se encontraba revisando algunos documentos en su oficina. Lo único que podía pensar en ese momento era en cómo podía hacer la negociación lo más rápido posible. Miró la hora en el boleto impreso y vio que terminaba a las diez.
«Tal vez puedo llegar si me apresuro…»
Al mismo tiempo, Cristina observó el boleto en sus manos con decepción. La música sonaba desde adentro del lugar mientras las personas amontonadas en la entrada comenzaban a entrar.
―¡Hola! Qué coincidencia. ¿Viniste a ver el desfile de modas también? ―sonó la voz gentil de un hombre a su lado. Cuando Cristina alzó la cabeza, vio el rostro atractivo de Francisco.
―¿Qué haces aquí?
―Vengo a ver el desfile de modas.
«¡Qué coincidencia!»
Como era un desfile bastante pequeño, las personas que no estaban muy involucradas en la industria no asistían.
―¡Vamos! Está por comenzar.
Antes de que Cristina pudiera recobrar los sentidos, Francisco tomó su muñeca y entró con ella al lugar. Luego, se sentaron en un buen lugar y el desfile comenzó poco después. Era obvio lo creativos que eran los diseñadores. Junto con un cantante que invitaron especialmente para dar una presentación, el ambiente era extremadamente alegre. Cristina pensó que Francisco solo estaría ahí brevemente y se iría después de subir algunas fotos a sus redes sociales. Mientras observaban a los modelos caminar frente a ellos, Francisco dijo:
―Los elementos de diseño en el atuendo de este modelo son bastante decentes. Está diseñado como un producto individual y se vería bien con una camisa blanca.
Por alguna razón, Cristina sintió como si Francisco era un amigo que pensaba como ella y que tenía buen ojo para las cosas memorables del desfile de modas. Cristina asintió y respondió:
―Me gusta el diseño y el estilo del tercer atuendo. La combinación del color azul marino con el naranja oscuro es muy elegante. Es bueno para atuendos profesionales.
El desfile que había comenzado siendo aburrido se volvió intrigante mientras ambos conversaban de forma agradable. Al terminar, ambos caminaron hacia la salida juntos.
―No esperaba que supieras tanto sobre moda ―comentó Cristina con una sonrisa.
Las comisuras de los labios de Francisco se levantaron mientras una mirada llena de seguridad apareció en sus ojos.
―Pues, resulta que soy la celebridad más de moda.
A comparación de otras celebridades, Francisco definitivamente merecía ser considerado como una de las celebridades del momento. No solo tenía un rostro atractivo, sino también una piel blanca con ojos oscuros pequeños que brillaban como la obsidiana. Junto con su cuerpo fornido y sus piernas largas, parecía que el cielo lo había bendecido con su buen aspecto. De pronto, Francisco sugirió:
―Habrá un desfile de primavera organizado por una marca famosa en la sala central de exposiciones el siguiente mes. ¿Quieres que vayamos juntos?
―¡Claro! Es solo que había pensado en tomarme un descanso pronto ―dijo Cristina.
Había muchas personas saliendo al mismo tiempo y alguien chocó con Cristina por accidente, haciendo que perdiera el equilibrio y cayera sobre los brazos de Francisco. Él protegió su cabeza por inercia y dijo en un tono serio:
―Mira por dónde caminas.
―Ya te lo había advertido. Tú te lo buscaste.
Natán se limpió las manos con un pañuelo antes de arrojarlo al cuerpo de Francisco, como si fuera un pedazo de basura. Su mirada intensa era como una daga atravesando el cuerpo de Francisco. La conmoción entre ambos atrajo bastantes miradas curiosas de los demás. Cristina recobró los sentidos de inmediato y extendió su mano para ayudar a Francisco a levantarse, pues temía que alguien lo reconociera.
―No hagan un escándalo en público. Será algo malo si alguien nos toma una foto.
Alguien quitó la mano de Francisco de un manotazo en cuanto tocaron los dedos de Cristina.
―¿Quién te dio permiso de tocarla? ―dijo Natán mientras ponía a Cristina detrás de él. El cuerpo delgado de Cristina casi se derrumbaba antes de que pudiera recuperar el equilibrio.
Natán se había apresurado a terminar la junta. Para su sorpresa, los descubrió actuando de forma muy íntima y era imposible que no enfureciera. Cristina podía sentir el ambiente tenso, como si hubiera pólvora esparcida en el aire, amenazando con explotar ante la caída de un alfiler. Luego, tiró de la esquina de la camisa de Natán y dijo en el tono más gentil posible:
―Lo has malinterpretado, Natán. Nos encontramos por casualidad en el desfile de modas.
Su relación siempre había sido bastante tensa. Cada que se veían había una pelea. Esta vez fue más serio, pues Natán lo había golpeado. Francisco se levantó. Su cabello negro estaba un poco desordenado y su mascarilla se había caído hacia un lado. Había un rastro de sangre en la comisura de sus labios y sus ojos rojos lo hacían ver como un lobo salvaje a punto de embestir. Una mirada complicada apareció en sus ojos al ver a Cristina, quien tenía los ojos llorosos, como si acabara de llevarse un gran impacto. Francisco frunció el ceño y dijo:
―¿Eso es lo que piensas de Cristina? No hay nada entre nosotros. ¿Estás tan nervioso porque no tienes seguridad en ti mismo o porque sabes que no le gustas ni un poco?
Sus palabras provocaron furia en Natán de inmediato. Sus expresiones eran igual de glaciales y ninguno estaba dispuesto a retractarse. Natán apretó sus puños mientras sentía que toda la sangre en su cuerpo hervía.
―Si no hay nada entre ustedes, ¿por qué pusiste tu mano sobre su cabeza? ¿Por qué estaban tan cerca? ¡No uses tus trucos de la industria del entretenimiento con ella!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¿Mi esposo es mi amante secreto?