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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1426

Dorian soltó un suave «mjm», pero no la soltó.

Amelia tampoco forcejeó; se quedó tranquila dejando que él la abrazara.

Pasó un buen rato antes de que Dorian la liberara y le dijera que fuera a descansar.

Amelia, de hecho, estaba algo cansada.

Dorian la llevó a la recámara principal.

Amelia recordaba claramente cómo se había sentido las dos veces anteriores que estuvo ahí.

La primera fue cuando la hirieron por error al intentar salvar a Frida; Dorian la llevó al hospital y, después de que la vio el médico, la trajo a su casa. O sea, aquí.

En ese entonces ambos eran muy corteses el uno con el otro. Cuando ella buscaba una almohada en su habitación, encontró el reporte de la prueba de ADN que decía que ella no era Amanda.

Aunque en el fondo ya sabía la respuesta, Amelia recordaba la decepción que sintió en ese momento, una sensación de vacío, de no tener origen ni destino.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que, en su subconsciente, deseaba que ese reporte confirmara que tenía familia. No importaba quién fuera ella, solo quería una prueba de que tenía parientes y un hogar en este mundo.

Lamentablemente, aquel papel amarillento rompió esa pequeña fantasía.

Esa noche no se quedó a dormir en casa de Dorian. La señora Elisa había desaparecido de repente y Manuel la llamó desesperado. Amelia le dejó una nota a Dorian, que estaba en una reunión, y se fue. Encontró a la señora Elisa en el parque infantil, buscándola a ella.

A veces hay que agradecer los planes del destino.

Ese reporte de ADN la hundió en la tristeza de no tener familia, pero la señora Elisa, aferrada a buscarla, llenó indirectamente ese vacío.

La segunda vez fue porque Dorian ya había descubierto que Serena era su hija, y ella se dio cuenta de que él lo sabía. Él esperaba que ella confesara por voluntad propia, y ella intentaba hacerse la tonta para ganar tiempo y llevarse a Serena. En medio de ese estira y afloja, Dorian perdió la paciencia y la arrastró a la fuerza a la casa que compartieron antes.

Dorian la miró y asintió levemente.

—Lo sabía.

—¿Entonces por qué no me detuviste? —preguntó Amelia.

—Supongo que no quería rendirme —dijo Dorian—. Sabía que me ocultabas lo de Serena, sabía que tú ya habías adivinado que yo lo sabía, pero aun así guardaba una última esperanza en ti. Quería ver qué decidías al final.

—¿Te decepcioné mucho en ese momento? —preguntó Amelia en voz baja.

—No diría decepción, pero sí me dio mucho coraje —dijo Dorian—. Aunque sabía que probablemente ya habías cambiado la muestra, me aferré a la mínima esperanza de que no fueras tan cruel, así que de todos modos mandé la muestra al laboratorio y pedí resultados urgentes.

—Perdóname —se disculpó Amelia suavemente.

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