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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1427

—En ese entonces sentía que lo nuestro no tendría futuro, no tenía fe en nosotros. Tampoco sentía que tú tuvieras algo parecido al amor por mí, y como yo soy alguien que valora mucho las necesidades emocionales, no lograba convencerme de volver atrás.

Amelia le explicó sus razones en voz baja:

—Pero sabía que tienes un sentido de la responsabilidad muy fuerte. Si te enterabas de la existencia de Serena, ibas a querer cumplir con tus obligaciones de padre. Y Serena es mi vida, mi única familia en este mundo. Tenía pánico de que me la quisieras quitar, así que no me atreví a arriesgarme. Me convencí a mí misma de que tú tendrías muchos hijos en el futuro, y que era mejor que no supieras nada a que vivieras con la duda.

Dorian la miró de reojo.

—¿Así es como me ves? ¿Ese es el tipo de persona que soy para ti?

Amelia lo miró con cautela.

—¿Acaso no es así?

—... —Dorian se quedó mudo. No sabía cómo refutar eso, y tampoco podía.

En aquel entonces, él no era consciente de sus sentimientos por ella, y su relación parecía más la de dos socios que conviven.

Ella le había preguntado alguna vez si le daba igual casarse con cualquiera. Como él todavía estaba enojado por su partida, asintió y le dijo un seco «sí».

En esos años en los que se negó a pensar en temas sentimentales, realmente llegó a creer racionalmente que nadie es indispensable para nadie.

—Lo siento.

Se disculpó con ella sinceramente.

—Cuando me pediste el divorcio de la nada, me dejaste en shock. Nunca pensé que lo harías. En ese momento la ira me ganó a la razón. Estos años divorciados han sido una lucha constante conmigo mismo: por un lado, no quería admitir que tenías tanta influencia sobre mí, y por otro, no podía soltarte. Y como cada vez que nos veíamos tú estabas decidida a irte, la mayoría de las veces no lograba enfrentarte con la cabeza fría.

Era la primera vez que le confesaba con tanta franqueza su lucha interna de todos esos años, una declaración tranquila y honesta.

Aunque no hubo palabras cursis, a Amelia se le humedecieron los ojos al escucharlo.

Sus palabras le dieron la respuesta que había estado buscando durante todos esos años de conflicto y que no había obtenido.

Para ella, eso era amor.

No dijo nada, solo dio un paso al frente y lo abrazó suavemente.

Pero no podían seguir.

Marta no estaba, tenían que cuidar a Serena.

Después de un buen rato, Dorian la soltó con pesar y le dijo con voz ronca:

—Ve a descansar un rato, yo cuido a Serena.

Amelia asintió. Recordó lo que había pensado sobre la señora Elisa y aquella noche en que salió de ahí corriendo hacia el parque, donde vio a la anciana dando vueltas desesperada, murmurando «¿A dónde te fuiste? La abuela no te encuentra, otra vez no te encuentra».

—Quiero ir a ver a la abuela —dijo en voz baja.

Dorian la miró un poco sorprendido, pero asintió.

—Está bien. Te acompaño.

—Sí —dijo él.

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