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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1428

Esa misma tarde, Amelia y Dorian fueron a la mansión de la familia Sabín a ver a la señora Elisa.

Antes de ir, Dorian llamó a Lorenzo para preguntar si la señora Elisa estaba en casa.

—Sí, aquí está. ¿Por qué la pregunta repentina? —A Lorenzo le pareció extraño, pero contestó con honestidad.

—Por nada.

Dorian no quería avisar con antelación a la familia Sabín que Amelia iba a ver a la señora Elisa, para evitar que armaran un gran alboroto y pusieran a Amelia incómoda.

Al colgar, Dorian mandó preparar algunos regalos costosos y llevó a Amelia y a Serena hacia allá.

No era la primera vez que Amelia iba, pero su corazón se aceleraba ligeramente a medida que el auto se acercaba a aquella avenida arbolada.

Dorian había estado pendiente de su expresión todo el tiempo.

Al ver que se ponía un poco pálida, no pudo evitar voltear y preguntar con preocupación:

—¿Estás bien?

Amelia negó con la cabeza.

—Sí, estoy bien.

Cuando el auto pasó por la vieja mansión abandonada de la familia Ferrer, Amelia se quedó pasmada. Imágenes fragmentadas de su infancia pasaron por su mente como un destello, tan rápido que desaparecieron sin dejar rastro en cuanto volvió en sí.

Amelia miró a Dorian instintivamente.

—¿Qué pasa? —preguntó él, sintiendo extraña la forma en que ella lo miraba.

Amelia solo negó con la cabeza, confundida.

No sabía qué le pasaba. De repente, al mirar la vieja villa de la familia Ferrer cubierta de hierba, le pareció ver a una niña con dos coletas, con cara de tristeza, acuclillada frente a un niño que estaba sentado inmóvil en una esquina de la azotea, tratando de hacerlo hablar. En ese instante, sintió como si algo le tocara el corazón suavemente, una sensación muy extraña.

Sus ojos se movieron involuntariamente hacia Dorian y luego hacia su propio reflejo en el retrovisor.

—¿Recordaste algo? —preguntó Dorian.

El jardinero que cuidaba la entrada reconoció el auto de Dorian y, al ver que se acercaba, abrió el portón de inmediato y corrió a avisar por teléfono a la familia.

—Señor Sabín, llegó el señor Ferrer.

Toda la familia Sabín estaba en casa. Cada uno estaba en lo suyo, pero al oír que había llegado Dorian, todos dejaron lo que hacían, se miraron entre sí y salieron a la sala.

Dorian acababa de abrirle la puerta a Amelia y a Serena. Se inclinó para sacar a la niña del auto, y Amelia bajó también.

—Amandita.

Petra no esperaba que Amelia viniera por su propia cuenta. Se le llenaron los ojos de lágrimas al instante.

Manuel también pidió apresuradamente al enfermero que empujara su silla de ruedas hacia ellos.

Toda la familia se acercó atropelladamente.

La familia Sabín rodeó a Amelia y a Serena en un instante.

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