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Mi Frío Exmarido (Amelia y Dorian) romance Capítulo 1687

Amelia sintió un metal frío tocar repentinamente el dedo anular de su mano izquierda, la cual era sostenida con delicadeza.

La voz suave y cálida de Dorian resonó en su oído:

—Amelia, hay que casarnos otra vez.

Amelia, sorprendida, se quitó los lentes de realidad virtual y volteó a verlo.

Él también se había quitado los lentes. Estaba hincado con una rodilla junto a la cama, sosteniendo un anillo de diamantes reluciente, mirándola fijamente con sus ojos oscuros.

—Amelia —dijo su nombre en voz baja, sin dejar de mirarla—. Aquella mañana, mi intención era volver y evitar que te fueras, pero para cuando llegué a la casa, ya no estabas. Aunque me era imposible aceptar tu partida, me engañaba a mí mismo diciéndome que debía respetar tu decisión, que la vida simplemente volvería al punto de partida. Pero la verdad es que, entre nosotros, el inicio jamás fue estar separados y que cada quien hiciera su vida; fue un lazo profundo que nunca se cortó.

—A lo largo de estos años hemos terminado y regresado, hemos peleado, nos hemos lastimado y nos hemos alejado —continuó—. Pero lo único que nunca cambió fue lo mucho que te amo. Te amo de verdad, aunque antes no supe cómo demostrártelo y por eso te hice sufrir tanto. Le doy gracias al destino por regresarte a mi lado una y otra vez. Y te doy gracias a ti por perdonar toda mi inmadurez del pasado. No sé si en el futuro lograré ser el esposo perfecto, pero estoy dispuesto a corregir todos mis errores junto a ti. ¿Estás dispuesta a sanar poco a poco todo ese tiempo perdido, compartir cada momento de nuestras vidas y seguir caminando a mi lado para siempre?

Los ojos de Amelia ya estaban enrojecidos y sentía un nudo en la garganta.

Ella no dejaba de mirarlo.

—¡Acepto!

Dijo con la voz entrecortada pero suave, sin el más mínimo rastro de duda. Parecía que temía no haber sido escuchada, así que repitió con firmeza:

—¡Claro que acepto, Dorian!

Y extendió su mano izquierda hacia él.

Una cálida sonrisa iluminó la mirada profunda y tranquila de Dorian.

Sostuvo su mano con delicadeza, tomó el anillo y se lo deslizó por el dedo con el mayor de los cuidados. Después bajó la mirada y depositó un tierno beso sobre aquel dedo anular.

A Amelia se le hizo un nudo más fuerte en la garganta y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

Era la primera vez que le proponía matrimonio cuando ella era plenamente consciente de todos sus recuerdos juntos.

Capítulo 1687 1

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