Dorian tomó el celular, marcó una serie de números en el teclado y, poco después, su teléfono sonó.
Dorian revisó su propio celular, copió el número y le preguntó:
—¿Tu número de WhatsApp es el mismo que el del celular?
Amelia asintió levemente.
—Sí.
Lo vio abrir WhatsApp, tocar en "Añadir contacto", pegar el número que acababa de copiar y enviarlo.
El celular de ella sonó con la notificación de un nuevo mensaje en la aplicación.
Dorian aceptó la solicitud por ella, guardó su propio nombre en los contactos y también lo registró en el registro de llamadas antes de devolverle el aparato.
—Aquí tienes mi número y mi WhatsApp.
Amelia asintió de nuevo.
—Está bien. —Tomó el celular—. Entonces ya me meto a la casa, gracias por traerme.
Dicho esto, hizo el amago de abrir la puerta para bajarse.
—Espera un momento —la detuvo Dorian, echando un vistazo a los alrededores—. ¿Dónde hay un súper por aquí cerca?
Amelia señaló hacia atrás.
—Por allá, a un kilómetro más o menos. ¿Por qué?
—Te acompaño a comprar unas cosas.
Mientras hablaba, Dorian ya estaba dando la vuelta al coche.
—No es necesario —se apresuró a detenerlo Amelia—. En mi casa tengo de todo.
Dorian aprovechó un instante para voltear a verla.
—¿No dijiste que llevas varios días metida en el proyecto? ¿Qué comida va a haber en tu casa?
Amelia se quedó sin saber qué responder.
Dorian no insistió más y pronto estacionó el coche en la entrada del supermercado.
—Supongo que todavía no has comido —comentó Dorian—. Vamos a comprar unos ingredientes y te preparo algo. Piensa en qué se te antoja.
—¿Eh? —Amelia lo miró atónita y, al reaccionar, trató de impedirlo—. No te molestes, de verdad. Tengo huevos y pasta en la casa, llegando me preparo algo rápido y listo.
Dorian volteó a mirarla.
—Ahora estás embarazada.
Amelia se quedó en blanco ante el comentario.

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