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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 1

El cielo estaba cubierto de nubarrones negros; una lluvia torrencial caía acompañada de truenos.

Bajo el alero de la caseta de seguridad en la entrada de la Universidad Politécnica del Valle, un grupo de personas se resguardaba de la lluvia. Nerea Galarza era una de ellas. A su alrededor, solo se escuchaban las quejas coquetas de las chicas, lamentándose porque sus novios tardaban en pasar por ellas en coche.

Fue entonces cuando Nerea recordó, con cierto retraso, que ella también tenía marido.

La Torre de Vega estaba cerca de ahí. Se preguntó si Cristian Vega podría pasar a recogerla.

Al pensar en Cristian, Nerea sintió una punzada en el corazón, un dolor agudo y amargo.

A pesar de llevar seis años casados y tener un hijo de cinco, Cristian seguía siendo frío con ella.

Nerea dudó un momento antes de marcar el número. El teléfono sonó durante un largo rato antes de que contestaran.

—¿Qué pasa? —La voz del hombre sonaba tan fría como siempre.

Justo en ese instante, una ráfaga de viento helado, cargada de lluvia, golpeó a Nerea, provocando que el frío le calara hasta los huesos.

Su voz tembló ligeramente.

—Estoy cerca de tu oficina. ¿Podrías venir por mí?

—Tengo cosas que hacer. Le diré al chofer que vaya.

El hombre colgó sin más, y el tono de llamada finalizada resonó en el oído de Nerea.

Nerea mantuvo la postura, sosteniendo el celular junto a su oreja durante varios segundos, hasta que parpadeó suavemente y dejó escapar un suspiro casi imperceptible. No debería haberse hecho ilusiones.

En realidad, ya había contactado al chofer de la casa, pero debido a la tormenta, había tenido un choque leve en el camino y no llegaría pronto.

Y las aplicaciones de transporte...

Nerea bajó la mirada para revisar su celular. Antes de la llamada había 66 personas en espera; ahora la cifra se había disparado a 266, y seguía subiendo.

—¡Guau!

De repente, escuchó una exclamación de asombro a su alrededor.

Nerea levantó la vista. Un Rolls-Royce Phantom apareció ante sus ojos. La matrícula le resultaba dolorosamente familiar.

El corazón de Nerea se aceleró. ¿Había venido por ella?

Pero entonces recordó que ni siquiera le había dicho a aquel hombre que estaba en la Universidad Politécnica del Valle antes de que él colgara.

El chofer abrió respetuosamente la puerta trasera y un hombre alto, apuesto y vestido con un traje impecable bajó del vehículo. No era otro que su marido.

—«Si me dieran solo 24 horas, yo la' aprovecho. Juro que yo voy a hacerte cosas que nunca te han hecho. Ya yo me cansé de ser amigo' con derecho'. Yo tal vez no te merezco, pero no hay ni que decirlo...» —La melodía de «Pareja del Año» de Yatra sonó cerca de Nerea; una de las chicas a su lado comenzó a cantarla.

La chica suspiró: —Maldita sea, otro día siendo espectadora de la felicidad ajena.

Otra chica comentó: —Ni que lo digas. Viste cómo inclinó todo el paraguas hacia ella. No quería que su novia se mojara ni una gota. Yo también quiero un novio así.

—Pues vuelve a nacer. ¿No viste que la novia tiene cuerpazo y es guapísima? Mírate tú, ¿qué tienes?

Nerea escuchó los murmullos de las amigas y una sonrisa de autodesprecio se dibujó en sus labios.

Sí, ¿qué estaba esperando?

¿Acaso no se había acostumbrado ya después de tantos años de matrimonio?

Siempre había sido ella quien se lanzaba al fuego como una polilla por él, mientras que a Cristian nunca le había importado en lo absoluto.

El celular de Nerea sonó, sacándola de sus pensamientos. Al ver el nombre en la pantalla, una sonrisa suave apareció en su rostro.

—Ulises.

—¡Mamá! —La voz del niño sonaba llena de quejas y berrinche al otro lado de la línea—. ¿Qué horas son estas? ¿Cuándo vas a venir por mí? ¡Soy el único que queda en el salón!

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