Nerea no tuvo más remedio que llevarse a Ulises a casa de sus padres. Con su familia allí para entretenerlo, ella tendría tiempo para sus cosas.
Pero Ulises estaba pegajoso como un chicle; la seguía a todas partes.
Exigía que ella le cocinara, que le hiciera ensalada de frutas, café y galletas horneadas.
Nerea solo cumplió con la cena, pero solo preparó un platillo que a Ulises le gustaba.
Ulises se notaba molesto. —Mamá, ¿y los camarones al mojo de ajo que te pedí?
Álvaro le puso una costillita en su plato. —Tu mamá es alérgica a los camarones, en esta casa nunca se comen camarones, ¿no sabías?
Ulises soltó un "ah" y preguntó: —¿Y por qué no hiciste las alitas adobadas que quería?
—Lo que a ti te gusta no necesariamente le gusta a los demás. Si lleno la mesa con tus platos favoritos, ¿qué van a comer los otros?
Nerea hablaba con tono tranquilo, sin regañarlo, pero Ulises sintió que lo estaba criticando.
Ulises bajó la cabeza. —Perdón, mamá.
—Come. —Nerea le sirvió un poco de lomo agridulce que sabía que le gustaba.
Ulises se alegró de nuevo; sentía que a su mamá todavía le importaba.
Ulises se quedó un día con los Galarza, pegado a Nerea volando papalotes, andando en bici y pescando. Se divirtió muchísimo.
Cuando Cristian pasó por él, Ulises se aferró a la mano de Nerea, reacio a irse. —Mamá, ¿de verdad no vas a volver?
Nerea negó con la cabeza.
Ulises se desanimó. —¿Puedo venir a verte la próxima semana?
—Tengo que salir de viaje de trabajo la próxima semana.
—¿Y la siguiente?
—No estoy segura de tener tiempo. Si puedo, te llamo.
Ulises percibió que su mamá no quería verlo. Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.
Se subió al coche enojado y cerró la puerta de un portazo, expresando su descontento.
Cristian miró la escena y luego a Nerea. —Es solo un niño.
—¿Algo más? —preguntó Nerea con la mirada tranquila.
Una sombra de disgusto cruzó los ojos de Cristian. —¿Ya lo pensaste?
—No.
Cristian arrancó el coche y se fue. Ulises iba lloriqueando en el asiento trasero.
—Papá, ¿mamá me odia de verdad? ¿Ya no me quiere nada?
Aunque se iban a divorciar, Cristian no caería tan bajo como para hablar mal de la madre de su hijo.
—No. Dijo que tenía viaje de trabajo. Te llamará cuando tenga tiempo.

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