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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 443

Cristian preguntó por qué.

¿Por qué no le ayudaba a recuperar a Nerea?

Rocío lo miró directo a los ojos y fue brutalmente honesta: —Porque no la mereces. Ella merece un hombre mejor, deja de arruinarle la vida.

Cristian bebió su copa de un trago y bajó la vista. —Sé que me equivoqué, voy a cambiar. Prometo tratarla bien de ahora en adelante, cuidarla como a una reina, darle gusto en todo. ¿Ni así?

Rocío, considerando que él había ido a acompañarla en esa fecha, suspiró y dijo: —Mira, las acciones dejan huella y las heridas cicatrices. Hay cosas que se perdonan, pero otras no. Como la infidelidad o lastimar a la propia familia.

—Mi hermana te dio su juventud y su corazón, ¿y cómo le pagó la familia Vega? Cuando el corazón se enfría, no vuelve a calentarse. Ayudarte no sirve de nada, ella ya no te quiere. Acepta la realidad antes de que sufras más.

Cristian acariciaba la copa sin darse cuenta, con la mirada perdida. —No puedo. La quiero a ella. Sé que la regué, ¿por qué no me da una oportunidad?

—Tenemos un hijo. Ojalá pudiera volver al pasado. Si pudiera regresar el tiempo... la amaría bien, la valoraría el doble.

—Nere, Nere...

Cristian había bebido demasiado y estaba borracho.

Rocío le escribió a Yago para que fuera a recogerlo.

Apenas soltó el celular, Cristian se lo arrebató de repente y marcó el número de Nerea.

Rocío no alcanzó a quitárselo y la llamada entró.

—¿Rocío?

La voz de Nerea sonó ligera y amable.

Cristian sonrió como un bobo. —Nere, feliz Día de Muertos.

*Tuut, tuut, tuut...*

Nerea colgó sin piedad.

Rocío le arrebató el celular, molesta. —¿No sabes usar tu propio teléfono?

Mientras lo regañaba, le escribió un mensaje a Nerea explicándole la situación.

—No me contesta. —Cristian se sirvió más vino—. A mí no me contesta el teléfono.

—Te lo mereces.

Rocío no sentía lástima. Quien da lástima por sus errores suele tener su merecido.

Todo era culpa de él, se lo había buscado.

El exceso de alcohol y la comida muy condimentada le provocaron un fuerte dolor de estómago a Cristian.

Se puso pálido y empezó a sudar frío.

Por suerte estaban en un hospital; al tocar el timbre llegaría un médico.

Mientras esperaban, Rocío le secó el sudor. —Si no aguantas el picante, ¿para qué comes?

—A Nere le gusta.

—A Nere le gusta que te alejes de ella, ¿por qué eso no lo haces? Puras tonterías contigo.

Al día siguiente, Cristian despertó sobrio y recuperado del estómago.

Le envió una transferencia bancaria muy generosa a Rocío. «Olvida lo de anoche».

Rocío parpadeó al leerlo. «¿Qué pasó anoche?».

«Buena actuación, ¿no piensas volver a las telenovelas?».

«Por ahora no», respondió ella.

Los empleados saludaron a Cristian. Nerea solo asintió levemente, sin hablar.

Todos dejaron que ellos dos subieran primero al elevador.

Nerea se puso en una esquina y Cristian se paró justo a su lado, hombro con hombro, tan cerca que sentía su calor corporal.

Nerea frunció el ceño; ya estaba pegada a la pared, no podía moverse más.

Alzó la vista con frialdad. —Hay mucho espacio allá, ¿tienes que pegarte a mí?

—Hay que dejar lugar a los demás —respondió él.

Nerea decidió que no valía la pena discutir con él.

—Permiso, voy a salir —dijo con voz gélida a la gente de enfrente.

Al salir del elevador, se dio cuenta de que Cristian también se había bajado.

Nerea: «...»

Sin dudarlo, dio media vuelta, volvió a entrar al elevador y presionó el botón de cerrar.

Las puertas se cerraron lentamente entre los dos.

Una mirada era fría; la otra, oscura y compleja.

Cristian se quedó mirando fijamente los labios de Nerea.

Los tenía rojos e hinchados, como si... alguien la hubiera mordido.

Los celos le subieron de golpe, como una quemazón en el pecho.

En el momento en que las puertas se cerraron, Cristian le escribió a Yago para que averiguara si Leonardo estaba en Valparaíso.

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