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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 440

—¿Quieres que te dé en la boca? —preguntó Cristian levantando la cuchara.

Nerea sintió un escalofrío, le arrebató la sopa y empezó a comer sola.

La cirugía duró casi veinte horas. Cuando sacaron a Francisca del quirófano, Rocío la acompañó a terapia intensiva.

Nerea se quedó hablando con el médico. Habían hecho todo lo posible. Francisca tenía traumatismo craneal y fractura de columna. Habían salvado su vida, pero era muy probable que quedara en estado vegetativo y, si despertaba, quedaría paralizada.

Rocío era un mar de lágrimas. Nerea, preocupada de que se lastimara los ojos de tanto llorar, trató de consolarla.

—No llores más. Estoy trabajando en una investigación sobre pacientes vegetativos. Si tengo éxito, podrás volver a ver y hablar con la señora.

La cápsula de juego podía escanear y recrear la apariencia real al cien por ciento. Podrían verse en el mundo virtual, abrazarse y hablar, continuando su relación de madre e hija.

—¿De verdad?

Nerea asintió con una sonrisa.

—De verdad. Ya no llores.

Rocío siempre había admirado y confiado ciegamente en Nerea. Si su hermana decía que era posible, entonces lo era.

—Nerea, entonces vete a investigar. Yo estoy bien —dijo Rocío, forzando una sonrisa con los ojos muy hinchados.

Nerea comprendía su dolor.

—No hay prisa, me quedaré contigo un rato.

Cristian, que estaba a un lado, intervino:

—¿Necesitas patrocinio para tu investigación? Puedo darte los fondos para que esté lista antes.

—No hace falta, ya tengo patrocinador.

—¿El señor Rojas?

—Liam.

La cápsula médica se basaba en la de juegos, así que era natural que el Grupo Santillán participara.

Cristian guardó silencio. Mientras tanto, el video de Rocío cayendo y llorando llena de sangre abrazada a Francisca se había vuelto viral.

En la mansión Echeverría, Isabel miraba las noticias en su celular con indiferencia mientras hablaba por teléfono.

—¿Viste las noticias?

Una voz femenina respondió al otro lado:

—Isa, recuerdo que dije que quería que desapareciera.

—¿Qué chiste tiene que desaparezca? Es mejor torturarla, verla sufrir y que desee estar muerta, ¿no crees?

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