—Lo siento, Liam —dijo Cristian levantando su copa con una mirada de disculpa.
Liam alzó su copa y la chocó con la de él.
—Entonces prométeme una cosa.
—¿Qué cosa?
—Deja de atacar a la empresa de Jaime.
Fabián dijo con desagrado:
—Una cosa es una cosa y otra es otra. Nerea te echó la mano ayer, sí, pero tú también le salvaste la vida aquella vez. ¿No quedan a mano?
Liam se terminó la bebida de un trago y dijo:
—Estoy trabajando con la empresa de Jaime en un proyecto de juegos holográficos. Si te vas contra él, te vas contra mí.
—¿Por una simple colaboración? ¿Es para tanto? —dijo Fabián con indiferencia—. Que Cris te compense con otra.
—Si el juego holográfico tiene éxito, las ganancias anuales del Grupo Santillán se duplicarán como mínimo.
—¡No manches! ¿Tanto? ¿No estás bromeando? —Fabián descruzó la pierna, se enderezó y se puso serio.
Liam no bromeaba con los negocios. Cristian había pensado antes que lo decía solo porque Nerea lo había ayudado.
Si fuera por Nerea, él no cedería.
Pero si se trataba de negocios y afectaba tanto a la empresa de Liam, Cristian no jugaría con la compañía de su amigo.
—Está bien, entendido —accedió Cristian.
Desde ese día dejaron de salir notas negativas sobre la empresa de Jaime, y las autoridades aclararon el asunto.
Pero eso sucedería después.
En ese momento, en la Mansión Vega.
No bastaba con ser su maldición, ahora también venía a arruinar a su preciosa hija.
¡Ni lo sueñe!
Su hija mayor no se había casado bien, lo cual era una espina en su corazón, así que estaba decidida a que Felicia tuviera un matrimonio ideal.
La familia Santillán tenía mucho prestigio; Liam era un hombre decente y muy capaz. Era la pareja perfecta para su Felicia.
—Mamá, ¿qué vamos a hacer ahora? —Felicia sentía que se le venía el mundo encima—. Mi hermano ya lo sabe, así que Liam seguro también se enterará. ¿Cómo voy a ver a Liam en el futuro? ¡Liam debe odiarme a muerte!
—Tranquila, mamá te vengará. —Esmeralda miró con una expresión sombría el frasco de medicina blanco sobre la mesa.
***
En un restaurante con estrellas Michelin de ambiente elegante, fluía una música suave.
Hoy habían reservado todo el restaurante; solo había una mesa ocupada, la de Nerea y Cristian.

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