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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 156

Nerea leyó el informe con el rostro inexpresivo.

Después, envió una captura de pantalla de la transferencia bancaria al otro detective privado.

Ahora, el centro comercial de su padre se había vendido, la empresa de su hermano Jaime se había asociado con el Grupo Santillán y se fortalecía día a día. El desarrollo de OmniGen también iba viento en popa.

Ella ya no era la Nerea que no tenía nada justo después del divorcio.

Había llegado el momento.

—Emi, ya podemos presentar la demanda de divorcio ante el tribunal.

Emilia la miró por el espejo retrovisor:

—¿Conseguiste pruebas de la infidelidad?

—Ajá —asintió Nerea.

—¿Son claras? ¿Se les ve la cara?

—Muy claras.

Emilia hizo una señal de «ok» con la mano:

—Déjamelo a mí. En cuanto llegue a casa esta noche preparo los documentos y mañana mismo le entregan el citatorio.

Nerea soltó el aire, como si por fin se quitara un peso de encima, y sonrió:

—No hay prisa, mañana también puedes hacerlo.

Emilia negó con la mano:

—Ni de chiste, no podemos esperar más.

***

Al día siguiente, en la Mansión Vega.

—¡Crac!

Cristian, furioso, tiró al suelo el plato que Felicia le había ofrecido.

Felicia, asustada, se escondió detrás de Esmeralda. Esmeralda la protegió y reclamó:

—¿Qué te pasa? ¿Por qué llegas a casa con ese genio?

Cristian los señaló con rabia:

—Yo debería preguntarles a ustedes, ¿qué demonios pretenden? No les bastó con drogar a Liam, ¿ahora también drogaron a Nerea?

»El secuestro también fue cosa de ustedes, ¿verdad? Y esos paparazzis. ¿Tanto tiempo libre tienen que quieren pisar la línea de la legalidad y probar la vida en la cárcel?

—Lo hice por ustedes —replicó Esmeralda, haciéndose la víctima y con los ojos llorosos—. Es culpa de Nerea por no saber cuál es su lugar y ser tan ambiciosa. Si arruino su reputación y consigo pruebas de su infidelidad, podría hacer que se vaya sin un solo peso.

»Así podrías casarte con tu verdadero amor. Liam dejaría de pensar en ella y la felicidad de tu hermana también estaría asegurada. Matábamos tres pájaros de un tiro, todos felices.

Cristian se puso una mano en la cintura y con la otra se frotó la frente:

—Si no les da la cabeza, no hagan pendejadas, ¿sí? Le pusieron droga a ella, ¡pero el que se la tomó fui yo! —La policía ya se metió en lo del secuestro. Si no fuera porque metí mano para pararlo, ya estarían tras las rejas. ¿Creen que estarían aquí sentadas comiendo tan tranquilas?

Esmeralda se sintió todavía más ofendida y se le soltaron las lágrimas:

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