En un departamento de alquiler en ruinas.
Felicia miró con asco el sofá, cuyo color original era indescifrable, y preguntó irritada:
—¿Quién eres? ¿Por qué me ayudas?
El hombre de negro respondió con voz fría:
—Luka, ese es mi nombre. Solo me contrataron para sacarte de Latinoamérica. Si no quieres que la policía te meta en la cárcel, obedéceme en el camino. Cuando lleguemos a San Robledo, pregúntale tú misma a «El Jefe».
—¿El Jefe?
—Mi patrón. Es su apodo. Su otro apodo es “1”.
Felicia puso los ojos en blanco y luego le sonrió a Luka.
—Si quieres que te obedezca, está bien, pero hazme un favor. Si no... —Se acercó al oído del hombre y susurró—: Te voy a arrastrar conmigo a pudrirte en la cárcel.
Luka retrocedió un paso y la miró fijamente.
Felicia curvó sus labios rojos, sus ojos sonreían, pero en el fondo había una locura y una crueldad imprudentes. Definitivamente era la hija de un narcotraficante.
Tenía talento para ser villana.
Tan rápido había pasado de ser una señorita rica a convertirse en un demonio.
—¿Qué quieres? —preguntó Luka.
—Ayúdame a...
—Sin problemas, siempre que haya dinero.
Felicia le arrojó el dinero que le había dado Esmeralda. Luka le echó un vistazo.
—No es suficiente.
Felicia se apoyó la barbilla en la mano, hizo un puchero y puso cara de preocupación.
—Mmm... déjame pensar a quién recurrir.
Al segundo siguiente, una sonrisa siniestra apareció en sus ojos.
—Serás tú...
***
El día 24 del último mes del calendario lunar, la familia Vega celebró el banquete de presentación.
El lugar estaba iluminado con esplendor y lleno de invitados.
Rocío, vistiendo un traje adornado con miles de pequeños diamantes, entró del brazo de Cristian y de su madre adoptiva, haciendo una entrada triunfal.
Esmeralda tenía mala cara, llena de resentimiento.
Isabel Echeverría le recordó con una sonrisa:
—Señora, la prensa está grabando.
Esmeralda forzó una sonrisa falsa.
Según el protocolo establecido, Rocío debía entrar del brazo de ella y de Cris.
Pero cuando llegó el momento de salir a escena, esa mocosa de Rocío causó problemas, insistiendo en caminar por la alfombra roja del brazo de esa mujer de campo que destilaba ordinariez.
Incluso amenazó con no participar en el banquete si no la dejaban entrar con esa mujer.
Con los invitados ya presentes, si ella no participaba, ¿no se convertiría la familia Vega en el hazmerreír de todo Puerto San Martín?
Esa mocosa de Rocío, una chica de pueblo que ni siquiera terminó la preparatoria, no tenía cerebro ni agallas para eso.
¡Seguro que era Nerea quien movía los hilos detrás!
Nerea la odiaba y quería fastidiarla a propósito.
La mirada de Esmeralda hacia Nerea se volvió cada vez más fría.
Nerea sentía que desde que Esmeralda había regresado de la base militar, se había vuelto cada vez más neurótica, paranoica todo el día, pensando que Nerea quería hacerle daño. Parecía tener un problema mental serio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio