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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 213

—¿Ya atraparon a Felicia?

Cristian frunció el ceño.

Nerea tuvo un mal presentimiento.

—¿La ubicación que encontraste estaba mal?

—¿Crees que eso es posible? —dijo Cristian con voz grave—. Se escapó.

—¿Qué?

Cristian no conocía los detalles, solo sabía que al parecer Felicia recibió un aviso y huyó a toda prisa.

—¿Recibió un aviso? ¡¿Hubo una filtración?!

Era obvio. Al ser un operativo conjunto, no sabían si el soplón estaba del lado mexicano o si la policía de San Robledo estaba coludida con los criminales.

Sin embargo, en México ya habían iniciado una investigación interna. Incluso revisaron las comunicaciones y cuentas de Cristian.

Por el momento, él estaba limpio de sospechas.

Si Nerea quería saber más, tendría que preguntarle a Leonardo.

—Por cierto, ¿ya pensaste lo del divorcio?

En el cumpleaños de Ulises, Cristian había ofrecido darle a Nerea la mitad de su fortuna, pero ella solo podía quedarse con 30 mil millones de pesos; el resto iría a un fideicomiso para Ulises.

Nerea lo había consultado con Emilia González.

Si no aceptaba, tendría que seguir con el litigio. Cristian seguramente se prepararía y el resultado final podría ser similar.

El juicio de divorcio no sería hasta después de Año Nuevo. En lugar de alargar la agonía, era mejor firmar el acuerdo y resolverlo antes de que acabara el año.

Año nuevo, vida nueva.

Y sobre el dinero, mientras no cayera en manos de Isabel y fuera para Ulises, ella podía aceptarlo.

Lo tomaría como la pensión alimenticia del niño.

—Está bien, acepto. —Al decir esas palabras, Nerea sintió que un peso enorme se levantaba de sus hombros.

Era libre.

Cristian le entregó el acuerdo de divorcio firmado.

Nerea le tomó una foto y se la envió a Emilia.

Emilia le dio el visto bueno y Nerea firmó con su nombre sin dudarlo.

Con eso, ella y Cristian ya no tenían nada que ver.

Nerea no pudo evitar sentir cierta nostalgia.

Aquella Nerea que se entregó al amor como una polilla al fuego... ¡adiós para siempre!

Miró la hora. Viernes, diez de la mañana.

No había tiempo que perder. Podían ir de una vez al Registro Civil para meter la solicitud de divorcio.

En cuanto a los documentos necesarios, Emilia tenía la contraseña de su casa y sabía dónde estaban. Le pidió que se los llevara y se verían directamente en el Registro Civil.

Registro Civil.

La funcionaria revisó los documentos de ambos, confirmó la información básica y preguntó:

—¿Están seguros de que quieren divorciarse?

—Segura —respondió Nerea con firmeza.

Cristian asintió.

La mujer preguntó sobre la custodia, la división de bienes y deudas.

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