Durante el tratamiento, Nerea tendría menos carga de trabajo y preocupaciones.
Básicamente, aparte de poner las agujas, no tendría que ir al hospital.
La verdad es que no tenía ganas de verle la cara a Pedro.
Cuando Nerea se fue, Pedro le preguntó a Marcos con desconfianza:
—Papá, ¿de verdad puede curarme las piernas? ¿Estás seguro de que no tramó algo? Ella y yo tenemos cuentas pendientes.
—Ella curó las piernas del segundo hijo de la familia Rojas.
Marcos le pasó a Pedro la información que había investigado: textos, fotos y videos.
—Nerea es inteligente. Tiene el respaldo de los militares, pero sabe que los Escobar no somos una perita en dulce. Seguramente no quiere tenernos de enemigos, por eso aceptó tratarte. Lo del bar fue error tuyo, por eso estuve dispuesto a pagar 500 millones. Ella ya aceptó el dinero. Lo del bar queda en el olvido. No le des vueltas y coopera con el tratamiento.
Al llegar a casa, Nerea sacó el plan de tratamiento que había usado con Kevin, le hizo un par de ajustes y listo.
La dirección general era la misma, solo cambiaban los detalles.
Marcos trajo al equipo médico rápidamente, junto con algunos andrólogos expertos.
Nerea primero discutió el plan con el equipo de traumatología.
Luego charló con los andrólogos; ella se encargaría de las agujas para las piernas y les dejaría el resto a ellos.
Con el plan definido, Nerea fue a la habitación de Pedro para la sesión de acupuntura.
Isabel estaba ahí otra vez, sentada en la habitación, pelándole fruta a Pedro.
Quizás saber que volvería a caminar había calmado a Pedro, porque ya no estaba corriendo a Isabel.
Nerea ignoró a Isabel.
—Súbete el pantalón. Vamos a empezar la primera sesión.
Isabel se apresuró a ayudar a Pedro a subirle las perneras del pantalón.
—No mires, se ven feas —dijo Pedro.
—No importa, luego te haces un tratamiento estético y quedan bien.
Nerea se puso guantes, preparó el antiséptico y, mientras desinfectaba la zona, escuchó la charla de los dos en silencio. Luego, clavó una aguja con decisión.
—¡Ahhhh! —Pedro soltó un alarido que retumbó en las paredes.
La razón por la que Nerea tenía un 100% de certeza era porque Pedro tenía sensibilidad en las piernas, a diferencia de Kevin que no sentía nada al principio.
Si pudo curar a Kevin, Pedro era pan comido.
Nerea clavó la aguja con fuerza a propósito. Pedro sintió tanto dolor que casi se desmaya.
Isabel pegó un brinco del susto.
—Nerea, ¿no puedes ser más suave?
Nerea la miró con burla.
—Si crees que puedes hacerlo mejor, hazlo tú. Si no, cállate. Si me vuelves a gritar y me distraes, le diré al señor Escobar.
Isabel apretó los dientes y se calló.
Nerea tenía la mano pesada.
Pedro sudaba a chorros del dolor. Dos escoltas tuvieron que sujetarlo para que no rodara por la cama.
Al ver a Pedro así, Nerea recordó cuando le cortaron la mano a Ulises.

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