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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 276

Nerea miró su reloj de muñeca.

—Media hora. Tu “nuevo bebé” ya casi debe estar listo. Felicidades por tu hijo fuera del matrimonio.

Noa estuvo a punto de romper la copa de vino de la fuerza con que la apretó. Dio media vuelta y, pisando fuerte con sus tacones de vértigo, se marchó al jardín.

Rocío miró a Ulises con admiración.

—¡Ulises, qué bárbaro! Tienes muy buen ojo.

Pero Ulises respondió:

—Solo lo dije por decir.

Rocío lo miró boquiabierta y luego volteó hacia Nerea.

Nerea soltó una risita suave.

—Yo también lo dije por decir.

Mientras hablaba, levantó la mano y chocó los cinco con Ulises en un gesto de complicidad.

Rocío levantó el pulgar.

—¡Qué chingones!

—Nere —dijo Liam, acercándose.

Liam había declarado que quería conquistarla y, desde entonces, enviaba un ramo de camelias blancas a su oficina todos los días. También la había invitado a cenar varias veces, pero Nerea siempre lo rechazaba con la excusa de que tenía mucho trabajo.

Al verlo, una pizca de incomodidad cruzó por los ojos de Nerea, pero se compuso rápidamente y lo trató como a un amigo más.

—Señor Santillán —saludó ella asintiendo con una sonrisa.

Liam sonreía con la mirada; su voz era cálida y magnética.

—Estás muy guapa hoy.

Rocío, a un lado, sonreía como tía orgullosa, fingiendo que no estaba allí y manteniéndose callada.

Ulises levantó la cabeza y miró con curiosidad a Liam y luego a Nerea.

La caballerosidad de Liam parecía estar grabada en sus huesos; no quería que Nerea se sintiera incómoda, así que tomó la iniciativa de saludar a Rocío y a Ulises. Charlaron de temas triviales y la incomodidad de Nerea pronto desapareció.

La gala comenzó.

Las luces se atenuaron, dejando solo un foco iluminando a Cristian.

Era el centenario del Grupo Vega y, como actual líder del corporativo, Cristian dio el discurso.

Al terminar, Cristian dijo:

—A continuación, quisiera pedir a todos los presentes que sean testigos de algo muy especial para mí.

Justo cuando todos se preguntaban de qué se trataba, Yago le entregó a Cristian un ramo de rosas rojas, frescas y hermosas.

En ese momento, todos entendieron.

¡Cristian iba a proponer matrimonio en público!

Inmediatamente, un haz de luz cayó con precisión sobre Isabel. Cristian, con las flores en mano, caminó elegantemente hacia ella.

—No estoy triste, no te inventes cosas. Además, no me gustan los diamantes, me gustan las joyas de oro. ¡Mantienen su valor!

—¡Entonces te compraré oro!

Entre los vítores de la multitud, Cristian tomó la mano de Isabel y besó el anillo, con devoción y profundidad.

Cristian se puso de pie y Yago le entregó otra caja. Cristian sacó de ella un collar.

Isabel sonreía de oreja a oreja, y por el rabillo del ojo miró a Nerea, que estaba al margen.

En ese momento, no pudo ocultar la presunción en su mirada.

Parecía decir: «¡Nerea, perdiste!».

Pero Nerea ni siquiera le prestó atención; su mirada estaba fija en el collar que Cristian tenía en la mano.

Isabel se sintió ignorada y molesta. Pero al ver que Nerea fruncía el ceño mirando fijamente el collar, volvió a sentirse triunfante y su sonrisa se ensanchó.

«Ese es un collar que Cris mandó hacer especialmente para mí. Nerea, de nada te sirve envidiarme».

Cristian, sosteniendo la joya, le dijo a Isabel:

—Este collar te lo arranqué del cuello cuando me salvaste. Hoy, debe volver a su dueña original.

Cristian había guardado ese collar durante siete años. Estaba roto y se le habían caído las gemas incrustadas.

Había querido repararlo para devolvérselo a Isabel, pero cuando la familia Vega tuvo problemas, no tenía dinero extra para arreglarlo. Luego rompió con Isabel y se casó con Nerea.

Después de que Isabel regresó al país, él ya tenía la capacidad de restaurarlo. Tras muchas vueltas, encontró a la diseñadora original del collar, la señora Mendoza, hoy famosa internacionalmente en el mundo de la joyería.

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