Cristian lo miró de reojo, inexpresivo, y con tono perezoso respondió:
—Si no vas a decir nada inteligente, mejor cállate.
El silencio no duró ni un momento cuando Fabián volvió a hablar:
—Antes no la conocía bien, pero no esperaba que Nerea fuera tan increíble, incluso más que Isa. Cris, ¿no te arrepientes de haberte divorciado de Nerea? Después de todo, tienen a Ulises.
Cristian chasqueó la lengua.
—¿Bebiste antes de venir? ¿Cómo podría arrepentirme?
Por más increíble que fuera Nerea, lo suyo solo era admiración, nada más.
***
Al ver a Liam acercarse, Rocío tomó la iniciativa de saludar y cederle el asiento. Liam no se hizo del rogar.
En cuanto Liam llegó, sus ojos cálidos y afectuosos se clavaron en Nerea.
Sus sentimientos no eran agresivos como los de Kevin; eran como agua tibia, envolviéndola silenciosamente hasta dejarla sin aire.
Kevin olió la competencia a kilómetros de distancia y miró a Liam con total hostilidad.
Nerea sonrió y saludó:
—Señor Santillán.
Liam suspiró con impotencia.
—¿No habíamos quedado en que en privado me llamarías por mi nombre? ¿O es que, de ahora en adelante, ya no planeas considerarme tu amigo?
La voz de Liam era suave, con un tono bajo; no era un reclamo, sino una pregunta teñida de soledad.
Al final eran amigos, así que Nerea sonrió resignada.
—Claro que somos amigos, es solo la costumbre, no te lo tomes a mal.
—Por supuesto que no me lo tomo a mal. De hecho, me alegra que todavía me hables. —Liam seguía sonriendo, una sonrisa gentil pero con un toque de melancolía.
Esa melancolía se tejía silenciosamente como una red, provocando un leve dolor y acidez en el corazón de quien lo veía.
«Maldición, se atreve a copiar mi táctica de hacerse la víctima», pensó Kevin.
Kevin apretó los dientes, con ganas de cuestionar a Nerea: «Nerea, ¿por qué atraes a tantos hombres?».
La mirada de Kevin era fuego, la de Liam era agua; Nerea no podía lidiar con ambos al mismo tiempo.
—Este... —Nerea se levantó de inmediato—. Me parece haber escuchado a Ulises llamándome, voy a ver.
Kevin se levantó también.
—Te acompaño.
Liam se puso de pie con elegancia.
—Qué coincidencia, aún no le he dado mi regalo a Ulises, voy con ustedes.
Leonardo los miró a ambos y rodeó los hombros de Nerea con un brazo.
—Tengo unas cosas de pareja que hablar con mi mujer, adelántense ustedes a ver a Ulises.
Dicho esto, Leonardo se la llevó.
Nerea suspiró aliviada.
—Gracias, Leo.
Para que Liam y Kevin perdieran toda esperanza, Nerea le había pedido específicamente a Leonardo que le siguiera el juego.
Leonardo, naturalmente, estaba encantado y cooperó al máximo.
Durante la cena.
Leonardo le servía comida a Nerea, le limpiaba las manos, le limpiaba la comisura de los labios y bebía por ella.
Los dos eran inseparables, y de vez en cuando se inclinaban para susurrarse cosas al oído.
Los labios de Leonardo casi tocaban la oreja de Nerea.
El aliento caliente del hombre golpeaba el lóbulo de Nerea, y su oreja, extremadamente sensible, se puso roja. Justo cuando intentó retroceder, Leonardo la sujetó por la cintura.
—No te alejes, nos están mirando.

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