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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 34

Aunque ella no solía tomar en cuenta a las amas de casa como Nerea, que solo servían para cuidar niños, decidió advertirle por el bien de su hermano.

—Nerea, eres una mujer casada. Te agradecería que cuidaras las distancias con el sexo opuesto cuando estás fuera de casa.

Nerea soltó una risa seca.

—Creo que te equivocaste de persona. Eso deberías decírselo a Cristian.

—¿Qué quieres decir? —El rostro de Noa adoptó al instante la severidad de quien ostenta el poder, solemne y estricta, como si Nerea fuera su subordinada.

—¿Tú eres su hermana y no lo sabes?

Claro que Noa lo sabía, y de hecho admiraba mucho a Isabel: graduada en el extranjero, hermosa y capaz. Una mujer así era la adecuada para estar al lado de su hermano.

En ese momento, la mirada de Nerea era tranquila, pero Noa sintió que estaba llena de sarcasmo.

Noa frunció el ceño, disgustada.

—Estás cenando fuera, ¿quién cuida a Ulises? ¿No tienes que hacerle de comer? El niño tiene mala salud, lo sabes perfectamente, y aun así lo dejas botado para venir a divertirte sola.

—Primero: soy una mujer independiente, cuidar al niño no es mi única función. Segundo: el niño no es solo mío. Deberías recordarle a Cristian que, como padre, también le corresponde cuidarlo. En lugar de venir a darme lecciones a mí.

—¡Nerea! ¿Comiste pólvora o qué? ¿No tienes claro quién eres y quién es Cristian? Si él cuida al niño, ¿qué van a comer ustedes? ¿Quién se hace cargo de las miles de familias que dependen de él? ¿Tú? Tu única responsabilidad como ama de casa es cuidar bien del hogar, del niño y del marido. ¿Acaso me equivoco?

—No te equivocas. —Nerea no quería discutir con esa clase de mujer de negocios exitosa que se sentía superior y menospreciaba a las amas de casa.

Tenían un ego enorme y un complejo de superioridad metido hasta el tuétano. Por muy educadas que se mostraran en la superficie, en el fondo las miraban por encima del hombro.

Tenían valores distintos; seguir discutiendo era una pérdida de tiempo.

—¿Se te ofrece algo más? Si no, me voy.

—¿Qué actitud es esa? —Noa se enfureció.

Ya de por sí despreciaba a Nerea por haber usado trucos sucios para casarse, y más aún porque después de la boda se quedó de ama de casa sin trabajar, pegada a Cristian como un parásito. Eso le repugnaba.

Pero aun así, cuando se veían, solía tratarla con cierta cortesía, no como Felicia, que era hiriente y grosera.

Capítulo 34 1

Capítulo 34 2

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