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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 344

Pero en el refrigerador de casa, aparte de agua y alcohol, no había ni un solo huevo.

En ese momento, no pudo evitar recordar el bullicio en la casa de los Galarza.

Una sensación de vacío y melancolía brotó en el fondo del corazón de Cristian.

Quizás porque el Año Nuevo debía ser una fecha de reunión familiar y alegría, se sentía así de sentimental.

Quería encontrar a alguien con quien cenar.

Cristian negó con la cabeza y soltó una risita amarga.

Cerró la puerta del refrigerador, se recargó despreocupadamente en la barra de la cocina y sacó su celular para enviar mensajes.

Escribió al grupo de tres que tenía con Fabián y Liam.

Cristian: [Juntémonos.]

Fabián envió una foto de sus vacaciones en el extranjero, rodeado de bellezas, pasándola en grande.

Fabián: [Claro, cuando regrese.]

Cristian: [Digo ahora.]

Fabián: [Aunque tome un vuelo ahorita mismo no llego.]

Liam envió una foto de una cena familiar.

Liam: [Estamos comiendo. Si me voy ahora, mi papá me rompe las piernas. Más tarde.]

Cristian nunca se había sentido solo, pero en este instante, con el corazón vacío y la casa vacía, sintió por primera vez una soledad abrumadora.

Desde la ventana se escuchaba el estruendo de los cohetes, y los fuegos artificiales de colores estallaban en el cielo; todo era algarabía afuera.

Eso hacía que la mansión pareciera aún más desolada, como una tumba helada.

Cristian agarró las llaves del coche y salió; condujo sin rumbo fijo por las calles.

No sabía a dónde ir ni a quién buscar.

Se sentía como un alma en pena, sin a dónde caer.

En años anteriores, cuando la anciana vivía, todos los Vega regresaban a la Mansión Vega para el Año Nuevo.

Pero tras su muerte, la familia Vega parecía haber perdido su cohesión; el hogar se había dispersado.

Esmeralda acompañaba a su novio joven de vacaciones en el extranjero.

Noa tenía su propia familia.

Y con Rocío no tenía ninguna relación de hermanos.

Una hora después, llegó a casa de Rocío.

La madre adoptiva de Rocío se llamaba Francisca Pacha, una típica mujer de campo.

Aunque Rocío ahora tenía dinero, ella seguía viéndose sencilla, criando gallinas y cultivando vegetales en la gran casa que Rocío le había comprado.

Rocío nunca le decía nada; era su casa y podía hacer lo que quisiera.

—Señor Vega, por favor, siéntese —Francisca sirvió té y sonrió apenada.

—Disculpen la visita repentina.

—Si sabes que es repentina, ¿para qué vienes? —murmuró Rocío.

Francisca le dio una palmadita suave en el brazo y la regañó cariñosamente:

—Hija, ve a sentarte con tu hermano, pélale algo de fruta. Yo voy a preparar unos platillos más, enseguida están.

Francisca se metió rápido a la cocina y Rocío miró a Cristian.

—¿A qué viniste?

Cristian no sabía a dónde ir; pensó en Rocío y, en un impulso, terminó ahí.

—Vine a verte.

Después de cenar, Francisca sacó un sobre con dinero y se lo dio a Cristian como aguinaldo.

Cristian se sintió aún más avergonzado.

Avergonzado por llegar con las manos vacías.

Avergonzado por nunca haber agradecido debidamente a esta mujer que había criado a su hermana biológica.

Cuando Cristian se iba, Francisca fue al huerto y arrancó cebollitas, lechugas y coles, todavía con el rocío de la noche y un poco de tierra fresca.

No solo eso, también agarró dos gallinas vivas y una bolsa de huevos de rancho para Cristian.

—No me los desprecies.

—No los desprecio, gracias señora.

Cristian no rechazó nada, lo aceptó todo y mostró su primera sonrisa genuina de la noche.

Inesperadamente, había sentido el amor maternal y familiar proveniente de Francisca.

Francisca sonrió tímidamente.

—Si te gustan, dile a Rocío y yo le digo que te lleve más.

—Está bien, gracias señora. Regresen adentro, hace frío.

—No pasa nada. Maneja con cuidado, vete despacio.

El coche de Cristian se alejó bastante, pero aún podía ver a Francisca y a Rocío paradas en la puerta mirándolo.

—Mamá, ¿por qué tratas tan bien a ese patán?

—Después de todo es tu hermano, la sangre llama. Estar solo en estas fechas es muy triste. Además, cuando yo falte, quiero que haya alguien más que te cuide. Tu hermano tendrá sus defectos, pero tiene poder; con un hermano así, no tendrás que temer que te intimiden en el futuro.

Francisca era humilde, pero no tonta; solo tenía una hija y, por supuesto, pensaba en su bienestar.

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