Cuando Liam llegó a la mansión de la familia Vega, vio gallinas corriendo por la sala y verduras llenas de tierra en el suelo.
—¿De dónde te robaste todo esto?
—Me lo regaló la mamá de Rocío —contestó Cristian, que todavía tenía una pluma de gallina en la cabeza.
Los dos pasaron un buen rato atrapando las gallinas, terminaron llenos de plumas y la escena era realmente cómica.
Fabián, por videollamada, se moría de risa.
Liam y Cristian se miraron y también soltaron una carcajada.
Pero entre risa y risa, Cristian dejó de reír, se sentó en el suelo recargado en el sofá y abrió una botella de vino tinto.
Bebió un trago largo.
—De repente siento que todos estos años viví como un imbécil —dijo. Y pensar que él creía que eso era amor.
Fabián intentó consolarlo:
—Tampoco es tu culpa, era tu primer amor. La culpa es de esa mujer que sabe actuar demasiado bien. Es solo que… —Fabián hizo una pausa y bajó la voz—, es que le fallaste a Nerea.
Al mencionar a Nerea, la voz de Liam se puso grave.
—Ahora de qué sirve decir eso, el daño ya está hecho.
—Cris no lo hizo a propósito.
—¿Con un «no fue a propósito» se borran años de daño? —Liam se terminó el vino de su copa de un trago, sintiendo una opresión en el pecho; le dolía lo que pasaba Nerea.
Fabián también estaba deprimido y se sentía culpable, ¿pero qué podían hacer?
—Pues que compense a Nerea y ya, ¿verdad, Cris?
Liam sentenció:
—A ella no le van a importar sus compensaciones.
Cristian bajó la cabeza, con la voz amarga:
—Lo sé.
Fabián dijo con urgencia:
—No importa si le importan o no, tú compénsala.
Estuvieron bebiendo hasta la medianoche. Cristian no tenía sueño, se quedó solo en la sala viendo el Instagram de Ulises.
Ulises había subido un montón de fotos de sus regalos de Año Nuevo.
Entre ellos, había tomado una foto aparte del regalo que le dio Nerea.
Era un bonito adorno tejido a mano que se podía colgar en la mochila.
Era extraño; imágenes a las que nunca prestó atención antes, ahora se volvían nítidas en su memoria.
Esta noche, Cristian recordaba frecuentemente los años pasados.
Antes, después de la cena navideña, Nerea les daba regalos a todos, llena de ilusión.
Pero varias veces, escuchó por accidente a Felicia quejarse con Esmeralda.
«Nerea es una tacaña, le duele gastar dinero en regalos. ¿Quién usa bufandas tejidas a mano en estos tiempos? Son nacas y horribles, si me pongo eso mis compañeros se van a burlar de mí».
«¿Verdad que sí? Cuánto le gusta tejer a Nerea. El año pasado regaló una bufanda espantosa y este año guantes. ¿No tiene consciencia de que es una señora de sociedad? Ninguna esposa de magnate regala guantes tan feos. Mamá, ¿tú crees que lo hace a propósito para avergonzar a mi hermano y que la gente piense que la familia Vega la trata mal?».
Él, que de por sí no tenía interés en los regalos de Nerea, perdió el poco que tenía tras escuchar las quejas de Felicia.

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