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Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 345

Cuando Liam llegó a la mansión de la familia Vega, vio gallinas corriendo por la sala y verduras llenas de tierra en el suelo.

—¿De dónde te robaste todo esto?

—Me lo regaló la mamá de Rocío —contestó Cristian, que todavía tenía una pluma de gallina en la cabeza.

Los dos pasaron un buen rato atrapando las gallinas, terminaron llenos de plumas y la escena era realmente cómica.

Fabián, por videollamada, se moría de risa.

Liam y Cristian se miraron y también soltaron una carcajada.

Pero entre risa y risa, Cristian dejó de reír, se sentó en el suelo recargado en el sofá y abrió una botella de vino tinto.

Bebió un trago largo.

—De repente siento que todos estos años viví como un imbécil —dijo. Y pensar que él creía que eso era amor.

Fabián intentó consolarlo:

—Tampoco es tu culpa, era tu primer amor. La culpa es de esa mujer que sabe actuar demasiado bien. Es solo que… —Fabián hizo una pausa y bajó la voz—, es que le fallaste a Nerea.

Al mencionar a Nerea, la voz de Liam se puso grave.

—Ahora de qué sirve decir eso, el daño ya está hecho.

—Cris no lo hizo a propósito.

—¿Con un «no fue a propósito» se borran años de daño? —Liam se terminó el vino de su copa de un trago, sintiendo una opresión en el pecho; le dolía lo que pasaba Nerea.

Fabián también estaba deprimido y se sentía culpable, ¿pero qué podían hacer?

—Pues que compense a Nerea y ya, ¿verdad, Cris?

Liam sentenció:

—A ella no le van a importar sus compensaciones.

Cristian bajó la cabeza, con la voz amarga:

—Lo sé.

Fabián dijo con urgencia:

—No importa si le importan o no, tú compénsala.

Estuvieron bebiendo hasta la medianoche. Cristian no tenía sueño, se quedó solo en la sala viendo el Instagram de Ulises.

Ulises había subido un montón de fotos de sus regalos de Año Nuevo.

Entre ellos, había tomado una foto aparte del regalo que le dio Nerea.

Era un bonito adorno tejido a mano que se podía colgar en la mochila.

Era extraño; imágenes a las que nunca prestó atención antes, ahora se volvían nítidas en su memoria.

Esta noche, Cristian recordaba frecuentemente los años pasados.

Antes, después de la cena navideña, Nerea les daba regalos a todos, llena de ilusión.

Pero varias veces, escuchó por accidente a Felicia quejarse con Esmeralda.

«Nerea es una tacaña, le duele gastar dinero en regalos. ¿Quién usa bufandas tejidas a mano en estos tiempos? Son nacas y horribles, si me pongo eso mis compañeros se van a burlar de mí».

«¿Verdad que sí? Cuánto le gusta tejer a Nerea. El año pasado regaló una bufanda espantosa y este año guantes. ¿No tiene consciencia de que es una señora de sociedad? Ninguna esposa de magnate regala guantes tan feos. Mamá, ¿tú crees que lo hace a propósito para avergonzar a mi hermano y que la gente piense que la familia Vega la trata mal?».

Él, que de por sí no tenía interés en los regalos de Nerea, perdió el poco que tenía tras escuchar las quejas de Felicia.

El primer día laboral del Año Nuevo.

Isabel recibió un citatorio judicial.

Nerea demandaba a Isabel por ser la amante y exigía que devolviera las casas, coches, joyas y empresas que había recibido durante el matrimonio de ella con Cristian, con un valor de miles de millones.

Nerea iba a recuperar todas las llaves de los coches y las joyas que Cristian le había pedido de vuelta en su momento.

La noticia se hizo tendencia.

El Grupo Vega volvió a quedar en el centro de la polémica.

La empresa ya estaba en crisis de pánico, y con esta noticia, más gente renunció.

Los empleados se iban en masa y no se podía contratar gente nueva de inmediato, lo que paralizó varios proyectos y convirtió la empresa en un caos.

Las acciones del Grupo Vega cayeron una y otra vez, evaporando miles de millones en valor de mercado en un instante.

La reputación del Grupo Vega estaba dañada, había inestabilidad interna, múltiples proyectos cancelados y la situación operativa era inestable, incluso empeorando.

Tras evaluar la situación, varios bancos enviaron requerimientos de pago al Grupo Vega, exigiendo la liquidación anticipada de los préstamos.

El flujo de caja del Grupo Vega ya no era abundante, y ahora, ante el cobro repentino de los bancos, la empresa enfrentaba el riesgo de quiebra por falta de liquidez.

Y el caso de Isabel atropellando a Nerea aún no se cerraba; seguía bajo investigación.

Cuánto duraría la investigación, nadie lo sabía.

Mientras el caso no se cerrara, Isabel seguiría siendo sospechosa y tendría que someterse a interrogatorios en cualquier momento.

Isabel tenía que lidiar con la policía por un lado y con los asuntos de la empresa por el otro.

Estaba completamente abrumada, física y mentalmente agotada. Su rostro reflejaba una profunda melancolía; ya no quedaba nada de su antigua gloria y arrogancia.

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