El jefe de Emilia se llamaba David Aranda; era el segundo hermano de Samuel, un abogado importante y mentor de Emilia.
Emilia había estado enamorada de él en secreto desde la preparatoria, y eligió ser abogada por él.
Los modelos que había pedido tenían algo de David: el cuerpo, la forma de ser, los ojos o el perfil... sin excepción, todos recordaban a David.
La vida amorosa de Nerea era un desastre, así que no tenía grandes consejos que darle, solo pudo decirle:
—¿Y si te buscas a otro? Por ejemplo... ¡por ejemplo, Samuel!
Solo conocía bien a Samuel, sabía de dónde venía y estaba soltero.
Emilia puso cara de espanto.
—¿Te dieron alcohol adulterado? ¿Ya se te olvidó que cada vez que ese bombón me ve me hace mala cara? Si pudiera, me mataba.
—Quién te manda decirle «gran belleza».
—Pues es la verdad, está más guapo que yo, cada vez que lo veo me muero de envidia. Además, aunque son hermanos, no se parecen en nada a mi jefe. No lo quiero de reemplazo.
Nerea suspiró.
—...Nadie dijo que te buscaras un reemplazo.
—Anda, Nere, bebe conmigo. Mañana no trabajamos, vamos a ponernos hasta las chanclas. —Emilia le sirvió una copa a Nerea.
Aunque mañana no trabajaran, ella tenía tarea. Una tesis larguísima y no había escrito ni una letra; la fecha límite era mañana.
No quería ni imaginar el desastre que sería si no la entregaba.
Pero aun así, tomó la copa.
Emilia sacó su celular del bolso y, mientras tecleaba, dijo:
—¡Te voy a pedir unos modelos de primera, te garantizo que están mil veces más guapos que ese tal por cual!
Nerea, asustada, le arrebató el celular.
—Ahorita tengo alergia a los hombres, mejor sigamos bebiendo.
Nerea casi no bebió, pero Emilia ya estaba borracha. Tenía que mantenerse sobria para cuidarla.
En el pasillo fuera de los baños.
Nerea estaba recargada en la pared esperando a Emilia, quien no quiso ayuda, así que tuvo que esperarla afuera.
Un hombre con un cigarro en la boca salió del baño de hombres de al lado. Al ver a Nerea sola, soltó un chiflido de patán.
—Preciosa, ¿sola?
—Mi novio está adentro. —Nerea señaló con la mirada hacia el baño de hombres.
Nerea pensó que con eso el hombre se iría, pero para su sorpresa, se acercó a ella y apoyó una mano en la pared, haciéndose el galán.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio