Entrar Via

Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio romance Capítulo 37

Emilia regresó del baño y pidió otra botella, lo que la hizo vomitar de inmediato. Nerea le daba palmaditas en la espalda, le pasaba agua y toallas desechables.

Cuando terminó de vomitar, le dio un chicle.

Emilia se recargó en el hombro de Nerea.

—Nere, qué bueno que estás conmigo. ¡No me vayas a abandonar!

—Está bien. —Nerea lidiaba con la borracha mientras un mesero las ayudaba a salir del bar.

—M-mi bolsa, ¿dónde está mi bolsa? —Al llegar a la puerta, la borracha recordó de pronto su bolso y empezó a buscarse por todos lados—. En mi bolsa tengo información de clientes, no se puede perder o mi jefe me mata. Nere, no encuentro mi bolsa, buaa...

—Mi jefe se casa y mi bolsa se pierde, buaa, qué vida tan perra tengo, Nere, buaa...

—No llores, voy por ella, seguro se quedó en el reservado.

Nerea le dio doscientos pesos de propina al mesero para que le echara un ojo a Emilia mientras ella regresaba a buscar el bolso.

Nerea encontró la bolsa y salió apresurada.

A medianoche había todavía más gente, todos metidos en la fiesta y en el trago. Para esquivar a un borracho, Nerea se torció un poco el tobillo y chocó con alguien.

—Per... —Nerea vio la cara impactante y hermosa frente a ella, y la disculpa se le atoró en la garganta.

Había chocado con Isabel.

Nerea estaba segura de que Isabel también la había reconocido, pero no dijo nada; solo la miró con indiferencia, como si no la conociera, o tal vez esperando una disculpa.

¿Disculparse con Isabel?

¡Jamás!

Nerea aguantó el dolor del tobillo y se dio la vuelta para irse.

—¡Oye! ¿Qué te pasa? Chocas con alguien y te quieres ir sin pedir perdón. Qué falta de educación. —Blanca, la hermana de Isabel, agarró a Nerea para impedir que se fuera.

—Suéltame.

—¡Discúlpate! No te vas a ir sin disculparte.

En el forcejeo, Blanca empujó fuerte a Nerea.

Cristian frunció el ceño de inmediato, preocupado:

—¿Te golpeaste?

Isabel sonrió con impotencia y felicidad.

—De verdad no es nada, no escuches las exageraciones de Blanqui.

—Qué exageraciones ni qué nada, escuché que te quejaste de dolor. —Blanca señaló a Nerea acusándola ante Cristian—. Fue ella la que se le aventó a mi hermana y luego se quería ir sin pedir perdón. Cuñado, tienes que defender a mi hermana

—¿Cuñado? —En el rostro pálido de Nerea apareció una sonrisa leve. Se quedó mirando en silencio a Cristian e Isabel, sin gritar ni hacer escándalo, con una mirada que hizo que ambos cambiaran ligeramente de expresión.

Blanca puso cara de asco.

—Qué descarada, quedársele viendo al novio ajeno. Te aviso que mi cuñado solo tiene ojos para mi hermana, así que no te hagas ilusiones con él.

La mirada de Nerea se posó lentamente en Blanca.

—Le llamas “cuñado” pero no recuerdo tener una hermana como tú.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi hijo eligió otra mamá, y yo elegí mi imperio